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Teoria de la integracion monetaria. Economía Internacional". Joaquín Pi. Última actualización
agosto de 2005.
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Tema 9. Teoría de la integración monetaria. |
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Bibliografía básica |
- De Grauwe, P. (1994), Teoría de la Integración Monetaria: Hacia la Unión Monetaria Europea, Madrid, capítulo 1.
- A Theory of Optimum Currency Areas(in Communications) Robert A. Mundell, The American Economic Review, Vol. 51, No. 4. (Sep., 1961), pp. 657-665.
- Currency Areas, Common Currencies, and EMU (in Common Currencies Versus Currency Areas) Robert A. Mundell The American Economic Review, Vol. 87, No. 2, Papers and Proceedings (May, 1997), pp. 214-216.
- Un tratamiento a fondo de este tema se encuentra en el estudio de la Comisión "One Market, One Money". |
RESUMEN. Press Release: The Sveriges Riksbank (Bank of Sweden) Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel for 1999. 13 October 1999.
The Royal Swedish Academy of Sciences awarded the Bank of Sweden Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel, 1999, to Professor Robert A. Mundell, Columbia University, New York, USA
for his analysis of monetary and fiscal policy under different exchange rate regimes and his analysis of optimum currency areas.
Optimum Currency Areas
As already indicated, fixed exchange rates predominated in the early 1960s. A few researchers did in fact discuss the advantages and disadvantages of a floating exchange rate. But a national currency was considered a must. The question Mundell posed in his article on "optimum currency areas" (1961) therefore seemed radical: when is it advantageous for a number of regions to relinquish their monetary sovereignty in favor of a common currency?
Mundell's article briefly mentions the advantages of a common currency, such as lower transaction costs in trade and less uncertainty about relative prices. The disadvantages are described in greater detail. The major drawback is the difficulty of maintaining employment when changes in demand or other "asymmetric shocks" require a reduction in real wages in a particular region. Mundell emphasized the importance of high labor mobility in order to offset such disturbances. He characterized an optimum currency area as a set of regions among which the propensity to migrate is high enough to ensure full employment when one of the regions faces an asymmetric shock. Other researchers extended the theory and identified additional criteria, such as capital mobility, regional specialization and a common tax and transfer system. The way Mundell originally formulated the problem has nevertheless continued to influence generations of economists.
Mundell's considerations, several decades ago, seem highly relevant today. Due to increasingly higher capital mobility in the world economy, regimes with a temporarily fixed, but adjustable, exchange rate have become more fragile; such regimes are also being called into question. Many observers view a currency union or a floating exchange rate - the two cases Mundell's article dealt with - as the most relevant alternatives. Needless to say, Mundell's analysis has also attracted attention in connection with the common European currency. Researchers who have examined the economic advantages and disadvantages of EMU have adopted the idea of an optimum currency area as an obvious starting point. Indeed, one of the key issues in this context is labor mobility in response to asymmetric shocks. |

Para comprender esta lección es útil definir estos conceptos previos:
Área monetaria:
Es un grupo de países que se comprometen a mantener sus tipos de cambio dentro de un sistema de unas bandas estrechas de flotación definidas alrededor de un tipo de cambio central que puede variarse unilateralmente. (" A currency area is a group of countries that undertake to contain their bilateral exchange rates within narrow bands defined in respect of agreed central rates which they can change unilaterally. Kenen 1997")
Un ejemplo de área monetaria era el mecanismo de cambios del Sistema Monetario Europeo.
Área monetaria óptima:
Es un área monetaria que reúne los requisitos económicos adecuados para que sea implantada.
Unión Monetaria:
Un conjunto de países o regiones que tienen una moneda, un banco central y una política monetaria.
Por ejemplo, la unión monetaria europea es obviamente una unión monetaria, pero ¿es un área monetaria óptima? No necesariamente. Hay economistas que piensan que la moneda única para la euro zona no es la mejor solución desde el punto de vista de la teoría económica.
1. Eliminación de costes de transacción.
Un primer beneficio que se deriva de una unión monetaria con una moneda única es la desaparición de los costes de transacción, es decir, de conversión de una moneda en otra.
Bajo el supuesto de que la diferencia entre los precios de compra y venta de monedas reflejan los recursos reales dedicados al cambio de monedas, la Comisión (1990) estimó que la ganancia directa en bienestar a través de esta vía se situaría en la UME en una cifra cercana al 0.5% del PIB, siendo los países con unos sectores financieros relativamente menos sofisticados los que obtendrían una proporción mayor de estos beneficios.
2. Eliminación de desajustes y de la volatilidad del tipo de cambio.
Un segundo beneficio de una unión monetaria- cuando se compara con un régimen de flotación de cambios se deriva de la reducción en los desajustes del tipo de cambio y en la volatilidad del mismo. Cuando hay una moneda, la volatilidad del tipo de cambio se reduciría a cero, y la posibilidad de una desajuste en el tipo de cambio desaparecería por completo.
El principal efecto que producen los desajustes prolongados del tipo de cambio - como los ocurridos desde 1973-, es que tienden a aislar a los tipos de cambio de la economía real. Aunque no hay evidencia clara sobre la importancia del coste derivado del desajuste del tipo de cambio, si hay unanimidad en admitir que los desajustes ocurridos en el pasado - por ejemplo, para el dólar en los ochenta -, han tenido un alto coste. El tipo de cambio real es el principal determinante de la división de la producción doméstica entre los mercados nacional y extranjero, y de la distribución de la demanda doméstica entre bienes nacionales y extranjeros. Los desajustes del tipo de cambio real transmiten señales falsas a los mercados, lo que puede afectar negativamente a la localización de la inversión y la capacidad productiva. (
Los estudios empíricos de De Grawve (1987), De Grawve y Bellefroid (1989), y Pere y Steinherr (1989), tienden a avalar la hipótesis de que la incertidumbre producida por el desajuste del tipo de cambio tiene efectos negativos sobre los flujos comerciales. Actualizar con estudios más recientes)
Por lo que respecta a la volatilidad de los tipos de cambio, se ha señalado que tiene un efecto adverso sobre el comercio mundial al introducir incertidumbre en las transacciones comerciales internacionales. Sin embargo, esta opinión ha sido puesta en entredicho tanto en el ámbito teórico como a nivel empírico.
En efecto, la afirmación de que la variabilidad del tipo de cambio afecta de forma adversa al comercio internacional, se basa en que los agentes económicos renuentes al riesgo pueden reducir su actividad (el comercio), si aumenta el riesgo, es decir, si aumenta la variabilidad del rendimiento que pueden obtener de su actividad comercial. Como la mayoría de los contratos en el comercio internacional implican un riesgo de variación del tipo de cambio- porque existe un retardo entre el contrato y el pago -, puede esperarse que la mayor variabilidad del tipo de cambio haga descender el comercio. Este efecto es discutible, sin embargo, por dos motivos. Primero, porque el riesgo asociado a las variaciones en el tipo de cambio puede asegurarse en el mercado de divisas a plazo.
Segundo, existen razones teóricas que permiten afirmar que la mayor variabilidad del tipo de cambio podría incluso aumentar el comercio. Este argumento parte del principio de que el valor de una opción aumenta con su variabilidad, y el comercio representa siempre una opción. Es decir, las variaciones en el tipo de cambio representan no solo un riesgo de pérdida sino también la posibilidad de hacer un beneficio. Si aumenta la variabilidad del tipo de cambio, aumenta la probabilidad de obtener altos beneficios y también altas pérdidas. Sin embargo, la empresa exportadora puede evitar estas pérdidas ya que puede dejar de exportar. Por tanto, una mayor variabilidad del tipo de cambio produce una mayor probabilidad de realizar altos beneficios que no se ve compensada por una mayor probabilidad de realizar altas pérdidas, sino sólo de realizar unos menores beneficios. En definitiva, la mayor variabilidad del tipo de cambio aumenta tanto el valor esperado de los beneficios como la incertidumbre de los mismos. Ello hace que desde un punto de vista te¢rico no sea posible determinar a priori el efecto de la mayor variabilidad del tipo de cambio sobre el comercio.
La evidencia empírica no ha producido resultados concluyentes sobre el impacto de la volatilidad del tipo de cambio en el volumen de comercio. Algunos estudios apoyan la hipótesis de que la volatilidad tiene un efecto adverso sobre el comercio. Por el contrario, otros estudios ponen en duda la existencia de este efecto negativo.
Hay que señalar que la ausencia de un efecto negativo claro de la volatilidad del tipo de cambio sobre el comercio, no permite concluir que los costes de la volatilidad hayan sido despreciables. En efecto, los efectos de la incertidumbre no son exclusivamente aumentar el riesgo. Como ha señalado Krugman (1990),
"la incertidumbre puede hacer que las decisiones de inversión respondan lentamente a variaciones en los costes, debido al valor de la opción de 'esperar y mirar'; o puede hacer que las empresas construyan un exceso de capacidad, para aprovecharse de las variaciones del tipo de cambio; o puede simplemente degradar la cualidad de las decisiones. Por ello, el hecho de que el comercio haya continuado creciendo a pesar de la volatilidad de los tipos de cambio nos dice poco sobre los costes verdaderos de esa volatilidad".
1. Los costes de señoreaje
- Definición de señoreaje.
El señoreaje es el ingreso que obtiene un gobierno a través de la emisión de dinero. Cuando esta emisión de dinero tiene como misión la financiación del déficit público, el ingreso que se genera por esta vía puede ser de una cuantía importante. En este caso, dado el nivel de empleo, puede esperarse que la emisión de dinero genere inflación, por lo que el señoreaje también recibe el nombre de impuesto inflacionista, ya que es equivalente a un impuesto que recae sobre aquellos que mantienen saldos monetarios.
- El señoreaje óptimo.
El señoreaje óptimo, puede variar para los diferentes países. Depende del coste de financiar el gasto público a través de impuestos y a través de la emisión de dinero.
- Datos sobre señoreaje
Para el caso de la Unión Europea, los estudios realizados por la Comisión (1990) muestran que, en la práctica, la cuestión del señoreaje tiene una importancia insignificante. En efecto, para los países del norte de la UE el flujo de ingreso del gobierno a través de la creación de dinero no supera el 0.5 por ciento del PNB. Sólo para Grecia, Portugal, España e Italia, se observan cifras de señoreaje de alguna importancia en la década de los ochenta, aunque a principios de los noventa no superaban el 1 por ciento del PIB.
2. El coste de renunciar al tipo de cambio.
Friedman ya señaló en 1930 que si dos países experimentan choques simétricos y
comercian entre si un alto porcentaje de su PIB, podrí aser conveniente fijar el
tipo de cambio:
"A group of politically
independent nations all of which firmly adhered to, say, the gold
standard would thereby in effect submit themselves to a central monetary
authority, albeit an impersonal one. If, in addition, they firmly adhered to
the free movement of goods, people and capital without restrictions, and
economic conditions rendered such movement easy, they would, in effect, be an
economic unit for which a single currency would be appropriate."
-El tipo de cambio y los choques económicos asimétricos: Análisis de Mundell.
El coste más importante de una unión monetaria- señalado por Mundell (1961) en su teoría de las áreas monetarias óptimas -, es el que se deriva de la pérdida del tipo de cambio como instrumento de política macroeconómica. En efecto, el país que se integra en una unión monetaria total, pierde la posibilidad de realizar variaciones en el tipo de cambio de su moneda con respecto a la de los restantes miembros de la unión. Sin embargo, la variación del tipo de cambio puede ser importante por dos motivos.
Primero, cuando es necesario alterar la relación real de intercambio, para hacer frente a ajustes en la economía frente a choques de oferta o demanda.
Segundo, cuando debido a la rigidez de salarios y precios domésticos, el camino de ajuste alternativo es un costoso proceso de recesión o inflación.
Siguiendo a Mundell (1961), se puede abordar a nivel muy simple el problema del ajuste ante choques económicos, suponiendo un desplazamiento de demanda desde un miembro de la unión, que llamaremos España, hacia otro miembro, que llamaremos Alemania [1]. Este desplazamiento de demanda generará un descenso en el nivel de producción y empleo en España, y un aumento de la producción y el empleo en Alemania. Asimismo, recordando que la balanza por cuenta corriente es igual a la producción doméstica menos el gasto domestico, lo más probable es que se genere un déficit en la balanza de pagos por cuenta corriente de España y un superávit en la de Alemania. Se produce, por tanto, un problema de ajuste tras un choque económico, en este caso de demanda.
Una posibilidad de ajuste, no disponible en la unión monetaria, sería devaluar el tipo de cambio peseta/marco. Ello produciría una mejora de la competitividad española, aumentando la demanda, la producción y el empleo en España, y a la inversa para Alemania. Esta posibilidad de devaluar no existiría, obviamente, en la unión monetaria. Se plantea, por tanto, el problema de si existe una alternativa a la variación del tipo de cambio para lograr el ajuste en la unión monetaria. Naturalmente, puede ponerse en duda la eficacia de la devaluación para lograr el ajuste. En la medida en que sea cierto que la devaluación no es eficaz, descender el coste de la unión monetaria.
Una primera posibilidad de ajuste en la unión monetaria se basa en la flexibilidad de salarios y precios. Si el desempleo hace descender los salarios en España, y el exceso de demanda de empleo los aumenta en Alemania, mejorará la competitividad de los productos españoles, que verán descender su precio, y empeora la de los productos alemanes, que verán aumentar su precio, alcanzándose un nuevo equilibrio.
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Wage and price flexibility
Regions within a currency
area facing an asymmetric shock might restore competitivity by reducing
nominal incomes and prices, so obtaining equivalent effects to the
devaluation of a local currency. The main perceived obstacle to this
flexible price solution is "price level inertia", and in particular the
"stickiness" of nominal wages. By comparison with both the US and Japan,
for example, EU short-run wage flexibility in response to changing
employment conditions is low. The Commission (1990) has calculated that,
in the event of a 1% price rise, it would take a similar rise in EU
unemployment to prevent a rise in wages, but only a tenth of that in the
US and Japan.
Even where regional
prices and wages have a degree of flexibility, they "as a rule, adjust
more slowly than exchange rates" (Ochel 1997), leading to the conclusion
that the ability to devalue is the more effective mechanism.
The superior
effectiveness of exchange-rate flexibility, however, is itself open to
question. The stabilising properties of a floating rate may be minimal
" for small
economies in which imports are so important a component of the cost of
living that a reduction in real wages through nominal depreciation is
impossible." (Obstfeld 1985)
It also "presupposes that
workers are subject to the illusion that price increases resulting from
devaluation should not trigger demands for higher wages" (Ochel 1997).
Peters (1995) similarly
observes that:
"the
assumption of money illusion on the part of rational economic agents
appears unrealistic, especially if devaluations are frequent. It would
mean that wage-earners would accept a real wage reduction following
devaluation, but refuse a nominal wage reduction with similar effects".
It is nevertheless
arguable that exchange-rate changes do provide an effective short-term
means of adjustment, at least for as long as the "money illusion" lasts.
The post-war record of sterling is indeed one of repeated reductions in
real incomes through devaluation - though whether this has served to
restore long-term competitivity to the UK economy is very much open to
doubt.
Existing research (Vaubel
1976 and 1978; Eichengreen 1991; De Grauwe and Vanhavebeke 1993; von
Hagen and Neumann 1994) indicates that real wage and price levels tend
to fluctuate less between regions within a currency area than
between currency areas, for which a number of explanations can be
advanced.
The simplest is that the
existing division into currency areas has "got it right": adjustments in
price and wage levels are unnecessary because the regions experience no
asymmetric shocks. In the case of Europe, this conflicts with the
evidence (see "Country specific and sector specific shocks" above).
Alternatively, the low
responsiveness of prices and wages could reflect high labour mobility.
In the case of Europe, this is also contradicted by the evidence (see "Mobility
of Labour" below).
The explanation advanced
by Obstfeld and Peri (1998) is rather that "large swings in relative
regional prices could be politically problematic for integration at the
national level"; and they argue that the same consideration is likely to
apply within EMU, despite the hopes of the Commission(1990) that "competition
and wage discipline will enhance wage and price flexibility". They add:
"the low extent of
interregional price movement tells us little about the ease with which
resources are reallocated in currency unions, or about the need for
reallocation".
It can also be argued,
however, that adjustments in real prices and wages through one mechanism
or another are inevitable in the long term. Just as the terms "balance
of payments deficit/surplus" disguise the fact that a country's balance
of payments must by definition balance, so must payments between
regions, localities - or, for that matter between families and
individuals - balance. Imbalances can for a time be funded by gifts and
loans; but sooner or later
"solvency
constraints rule out using permanently higher fiscal or external
deficits to maintain public or private spending (Corden, 1972; Krugman,
1993)".
(Obstfeld and Peri 1998)
Moreover, if the
necessary reduction in living standards is postponed for too long, the
eventual adjustment is likely to be violent: currencies will collapse,
firms and individuals will become insolvent and unemployment levels will
soar.
http://www.europarl.eu.int/workingpapers/econ/104/chap2_en.htm |
Una segunda posibilidad de ajuste en la unión se basa en la movilidad del trabajo. Si la mano de obra desempleada de España se traslada a Alemania, en donde existe un exceso de demanda de trabajo, se alcanza una nueva situación de pleno empleo en España y se solucionar el problema de exceso de demanda de trabajo en Alemania.
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Mobility of Labour
One alternative available
to workers unable or unwilling to "price themselves into jobs" is moving
to where the jobs are. OCA theory, following Mundell, has given especial
weight to mobility of labour; and much has been made by critics of EMU
of the apparent reluctance of Europeans to move compared to Americans.
Various studies have
indeed shown that interregional migration is a significant factor in the
United States, contributing more to internal adjustment there than
changes in either relative wages or labour-force participation rates (Blanchard
and Katz, 1992). By contrast, OECD figures for 1987 showed that French
and German workers were only a third as likely to move between
départements and Länder as US citizens between States - let
alone between France and Germany themselves
Similarly, Eichengreen
(1993) found that the elasticity of interregional migratory flows with
respect to internal wages and employment differentials is smaller in
Great Britain and Italy than in the US. Calculations by Pelagidis
(1996), based on Eurostat figures, show that since 1992 net migration
within the EU has actually been falling, and that migration within the
EU as a percentage of total population was in 1995 less than 1% on
average. By comparison, some 3% of the US population change their state
of residence each year.
http://www.europarl.eu.int/workingpapers/econ/104/chap2_en.htm#d |
-Los choques asimétricos en la unión monetaria europea.
¿Puede esperarse que sean asimétricos los choques en una unión monetaria? Los choques a los que se ve sometida una economía pueden ser asimétricos por dos motivos.
El primero, obviamente, es que el choque sea específico para el país en cuestión, como sería el caso en que se produjeran variaciones no anticipadas en su política económica, en su dotación de recursos, o en el comportamiento de sus agentes económicos.
El segundo, es que la economía se vea sometida a un choque común de naturaleza simétrica, como un choque externo o un choque en un sector productivo específico, pero que se convierta en asimétrico debido a diferencias en las economías de los diferentes países.
En la literatura económica han recibido especial atención un factor que puede
convertir en asimétricos choques en principio simétricos: La integración
en el mercado de productos.
-La integración en el mercado de productos: La Comisión y Krugman.
Si la integración en los mercados de una unión monetaria se produce de forma que sus miembros se especializan en diferentes productos (inter-industria), la posibilidad de que los choques afecten sólo a unos miembros será muy alta. Por el contrario, cuando la integración en los mercados produce especialización intra-industria, es decir, los componentes para un producto final proceden de diferentes miembros de la unión, será menor la posibilidad de que los choques afecten sólo a uno, o a unos pocos miembros de la unión monetaria.
Sobre esta fuente de generación de choques asimétricos, la Comisión (1990) ha señalado que, especialmente en el sector de manufacturas, la CEE se caracteriza de forma creciente por el comercio intra-industria basado en la explotación de economías de escala, en lugar de por el comercio inter-industria basado en la ventaja comparativa. Además, como la integración intra-industria se ve alentada por las economías de escala y la diferenciación de productos, puede esperarse que la eliminación de las barreras que obstruyen la explotación de estas ventajas aumentará la integración intra-industria. Por ello, con la realización del mercado único europeo, puede esperarse una intensificación del proceso de crecimiento del comercio intra-industria, siendo menos probable que los choques externos tengan un efecto asimétrico en las economías de la UE.
Esta opinión de que la integración económica produce una estructura industrial más uniforme, ha sido criticada por diversos autores. Estas críticas se basan en la existencia de efectos de aglomeración. Estos efectos harían que con la total eliminación de barreras al comercio se produjera una mayor especialización regional, tendiendo a concentrarse en una pequeña región las industrias que utilizan intensivamente un cierto tipo de trabajo especializado. En este caso, la mayor integración económica aumentaría la probabilidad de que se produjeran choques asimétricos. No obstante, debe señalarse que, aunque hay evidencia de que este punto de vista puede ser cierto en el caso de USA - por ejemplo, la concentración de la industria del automóvil en Detroit -, no parece que en la UE se haya producido hasta ahora un proceso de concentración industrial de este tipo, lo cual no quiere decir que en el futuro no puede producirse.
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Birds of a feather
May 27th 1999 From The
Economist print edition
If EMU encourages greater specialisation in
particular industries, economic management will be more difficult
THE economic case for the euro rests
largely on the idea that it will hasten economic integration. This in
turn will promote competition, leading to higher productivity and
incomes. The case against rests largely on the idea that “asymmetric
shocks”—disturbances that affect some countries much more than
others—will be harder to deal with in the absence of national monetary
policies. But what if it turns out that the more successful the euro is
in promoting integration, the more susceptible the single-currency area
becomes to asymmetric shocks?
At first sight, this seems unlikely. In a more
integrated Europe, surely, countries will be more alike. Maybe not.
There are reasons for thinking that integration across a region makes
subregions more specialised—that is, less alike. If this turns out to be
true for Europe, the gains from integration in good times may be great,
but the risks in bad times will be bigger too.
Economic theory suggests several connections between
integration and regional specialisation. In standard “neoclassical”
growth theory, integration makes countries more similar: once capital
and labour are free to move, the mix in which the two are used tends to
converge internationally. Traditional trade theory complements this
finding. It argues that a country’s incomes and industrial structure
reflect its endowment of labour, capital and other resources. As
countries become richer, the accumulation of physical and human capital
comes to outweigh resources such as land and climate: endowments become
more similar, and so do patterns of output.
More modern theories emphasise different links. “New”
growth theory is interested in externalities. The return to a unit of
extra investment may be higher in a country that already has a lot of
capital: the existing stock confers an external benefit on the new
addition. If this effect is powerful, integration may promote divergence
rather than convergence: investment will move all the faster to areas
that already have lots of capital. “New” trade theory complements this
finding (just as traditional trade theory sat happily alongside
traditional growth theory). Externalities in production will cause
high-technology, high-wage industries to form clusters. The more
integrated these areas are through trade, one with another, the greater
the tendency for clustering to take place. Again, integration makes
economies less alike.
At your service
The
evidence on all this is fiercely contested. There is no consensus on
whether the new theories of trade and growth are closer to being true
than are the current versions of their predecessors. So far as
specialisation is concerned, it is not even clear exactly what the term
means, let alone how it should be measured. A lot depends on the level
of magnification—that is, on whether you compare broad sectors
(manufacturing, farming) or sub-sectors, or even particular industries.
It would be hard to deny, though, that the economy of
the United States is more regionally specialised than the euro zone. Big
industries do seem to have clustered in certain areas: classically, car
making in Detroit, software in Silicon Valley, movies in Hollywood.
Europe has clusters here and there, but they are less pronounced. In
America, asymmetric shocks have often pushed regional economic cycles
out of synch, but fiscal transfers and labour mobility have eased the
adjustment. Europe may find that integration causes sharper regional
cycles—but since its central budget is small and its labour mobility
low, its ability to cope may be poorer.
A recent study by the OECD reports some further
evidence. First, it looks at a measure of output divergence (which asks,
in effect, what proportion of each country’s output would need to switch
sectors for the country’s pattern of GDP to conform to the euro-area
average). The results suggest that specialisation has increased since
1980 in most of the countries examined. (It also suggests that Italy is
the most “European” economy, and Belgium the least.) But the findings
are inconclusive. Using a similar measure, but looking at 60
sub-national regions within the euro area rather than at countries, and
using employment in place of output, the researchers find the opposite:
specialisation has been falling, albeit gently, since the mid-1980s.
It is possible, indeed likely, that “new” and
“neoclassical” effects are going on at the same time. A paper cited by
the OECD shows that specialisation in America has traced a bell-curve
over time. Regional specialisation increased during the 19th and early
20th centuries as manufacturing, prone, in the “new” view, to form
clusters, gained ground over agriculture. Later, this trend reversed and
specialisation fell—notwithstanding the fact that America is today more
specialised than Europe.
What happened? “Neoclassical” factors—trade and
comparative advantage—caused a long-term shift in industrial structure:
the economy moved from manufacturing to services. Many services have to
be produced where they are consumed, which means less regional
specialisation. This was enough to outweigh any tendency within
manufacturing for specialisation to increase. (Note, however, that
specialisation even within American manufacturing has declined in the
second half of this century: the tendency to cluster may be weaker than
before.)
Europe can draw comfort from this. Its shift from
manufacturing to services lags far behind America’s. Integration, other
things equal, will speed it up. This should mitigate any tendency
towards clustering. For now at least, service economies look more alike
than manufacturing economies, and should prove less susceptible to
shocking developments.
Paul Krugman first drew attention to this question in
his book “Geography and Trade” (1991). The OECD study is “EMU: Facts,
Challenges and Policies” (1999). The study on America is “Economic
Integration and Convergence: US Regions, 1840-1987” by Sukkoo Kim, NBER
Working Paper 6335 (www.nber.org).
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Economist Group. All rights reserved.
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Teoria de la integracion monetaria. Economía Internacional". Joaquín Pi. Última actualización
agosto de 2005.
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