EL DEBATE SOBRE EL TIPO DE CAMBIO PARA LAS ECONOMIAS EMERGENTES

Joaquín Pi Anguita
Universidad
Complutense
 Madrid

Portada


Economia
Internacional

Tema 1. La renta en una economía abierta

Tema 2. La balanza de pagos

Tema 3. Mercado de divisas y tipo de cambio

Tema 4. El tipo de cambio a largo plazo

Tema 5. Sistemas de tipo de cambio

Tema 5.1.  La crisis de la convertibilidad argentina.

Tema 5.2. Miedo flotar


Tema 5.3. Tipo de cambio en economías emergentes

Tema 6. Políticas monetaria y fiscal en economías abiertas

Tema 7. El sistema monetario internacional (patrón oro-1973)

Tema 8. El sistema monetario internacional desde 1973

Tema 9. Teoría de la integración monetaria.

Tema 10. La unión monetaria europea.

 


Unión Europea

Tema 1. Comercio internacional y globalización 

Tema 2. Teoría de la integración económica y mercado único europeo

Tema 3. La política agraria común. El  presupuesto de la unión europea

Tema 4. Teoría de la integración monetaria

Tema 5. Aantecedentes e implicaciones económicas de la UME

Tema 6. La política fiscal en la Unión Monetaria Europea

Tema 7. El Sistema Europeo de Bancos Centrales

Tema 8. El Banco Central Europeo y la inflación

Tema 9. La política monetaria europea.

Tema 10. Desafíos para la política monetaria europea.



Economía

Tema 1. La economía 

Tema 2. El mercado, la oferta y la demanda

Tema 3. Micro1

Tema 4. Micro 2

Tema 5. El producto nacional 

Tema 6. Ahorro, inversión y sistema financiero

Tema 7. Dinero, sistema monetario y precios

Tema 8. Teoría económica de una economía abierta

Tema 9. El desempleo a largo plazo


 



1. La bipolarización del sistema cambiario.

2. Las crisis de los tipos de cambio fijos en las economías emergentes.

3. ¿Son adecuados los tipos de cambio flexibles para las economías emergentes?

 4. Conclusión.

 
 La bipolarización del sistema cambiario.

El régimen de tipo de cambio desempeña un papel importante en la estabilidad económica y financiera de un país. Un sistema de tipo de cambio apropiado puede ayudar a lograr un desarrollo sostenido y disminuir los efectos adversos que las perturbaciones del exterior pueden ejercer sobre la economía doméstica.
 

 Existen diversas alternativas a la hora de elegir un régimen de tipo de cambio. En la literatura económica normalmente se distinguen cuatro grandes tipos de sistemas cambiarios: tipo  de cambio flexible, flotación controlada, tipo de cambio fijo ajustable y tipo de cambio rígido. El sistema de tipo de cambio flexible y el sistema de tipo de cambio rígido forman la categoría de los regímenes cambiarios extremos. Los otros dos-el tipo de  cambio fijo ajustable y la flotación controlada-forman la categoría de regímenes intermedios.

 

El sistema de tipo de cambio flexible se caracteriza porque no existe un objetivo de tipo de cambio explícito y anunciado de manera oficial y se permite la libre flotación del tipo de cambio, aunque puede producirse alguna intervención esporádica para suavizar las fluctuaciones del tipo de cambio, como por ejemplo, la intervención concertada en los mercados de divisas realizada el 22 de septiembre de 2000 por los bancos centrales de Europa, Estados Unidos, Japón Reino Unido y Canadá para apoyar el euro. Los sistemas de  tipo de cambio rígido incluyen dos alternativas: el sistema de convertibilidad (currency board) y la dolarización. El sistema de convertibilidad se caracteriza porque el banco central se compromete a cambiar moneda nacional por moneda extranjera a un tipo de cambio fijo, y a emitir moneda nacional únicamente cuando se encuentra respaldada por reservas en moneda extranjera en poder del banco central. La dolarización supone la sustitución de la moneda nacional por una moneda extranjera (por ejemplo, el dólar o el euro).

 

Los regímenes intermedios incluyen los sistemas de tipo de cambio fijo ajustable y la flotación controlada. En la flotación controlada no existe un tipo de cambio oficial explícito aunque se producen intervenciones ad hoc en el mercado de divisas para limitar las fluctuaciones del tipo de cambio. El sistema de tipo de cambio fijo ajustable se caracteriza porque las autoridades tratan de alcanzar un objetivo de tipo de cambio anunciado previamente. En este grupo se incluyen los sistemas de tipo de cambio deslizante (crawling peg)  y las bandas de fluctuación (target zones). En el sistema deslizante el tipo de cambio se va devaluando de acuerdo con un plan preestablecido, mientras que en el sistema de banda de fluctuación se permite que el tipo de cambio varíe en un determinado porcentaje alrededor de la paridad[1].

 

La elección del régimen apropiado de tipo de cambio para las economías emergentes ha sido siempre un tema de gran controversia. Así, al analizar la política de tipo de cambio del FMI para economías emergentes, The Economist señalaba:

“A primera vista,  la actitud del FMI hacia los tipos de cambio parece extraordinariamente errática.En 1997 el Fondo apremió a los países asiáticos para que devaluaran o dejaran en flotación sus monedas. En 1998 prestó billones a Rusia y Brasil para intentar ayudarles a mantener sus tipos de cambio. Ha alabado a Hong Kong por su súper estricto sistema de convertibilidad (currency board) y festejado los tipos de cambio flexibles administrados de Singapur…la inconsistencia del FMI refleja profundas divisiones sobre los regímenes de tipos de cambio entre los economistas.”  (The Economist, Survey of Global Finance, 2000).

 

En la actualidad, el debate sobre el mejor sistema cambiario para estas economías es un tema especialmente candente.  En efecto, las crisis de tipo de cambio ocurridas a lo largo de la década de los noventa en Asia, Latinoamérica y Europa del Este, y el reciente colapso del sistema de convertibilidad argentino han llevado a muchos economistas a defender que las economías emergentes deberían decantarse por una total flexibilidad del tipo de cambio.

 

Por otra parte, otra corriente de opinión considera que los sistemas de tipo  de cambio flexible no son adecuados para las economías emergentes, ya que una mayor flexibilidad del tipo de cambio puede frenar el desarrollo del sistema financiero y minar la estabilidad financiera de estos países. Esta corriente de opinión se muestra partidaria de hacer “más fijo” el tipo de cambio optando por un sistema de tipo de cambio rígido, ya sea el sistema de convertibilidad o  la dolarización de la economía.

 

En definitiva, las opiniones sobre la solución adecuada del problema del tipo de cambio en las economías emergentes se han polarizado hacia lo que se denomina la  “solución de esquina” o solución bipolar. Los defensores de este punto de vista, entre los que se encuentran  Obstfeld and Rogoff (1995) y Eichengreen (1998), afirman que los países cuyo mercado de capitales está integrado o en proceso de integración con el mercado global de capitales, no podrán mantener regímenes de cambio intermedios, sino que tendrán que  optar por  la  flotación total o, por el contrario, la introducción de un sistema de tipo de cambio rígido. La ortodoxia actual que aconseja la polarización hacia regímenes extremos de tipo de cambio ha sido criticada por Williamson (2000), que considera que aunque hay algo de cierto en que los regímenes intermedios son vulnerables a las crisis especulativas, ofrecen sin embargo ventajas importantes. Para Williamson, el sistema de tipo de cambios flexible ha mostrado que pueden llevar al tipo de cambio a situaciones de infra o sobrevaloración a medio y largo plazo con efectos adversos sobre el crecimiento.  Por otra parte, los sistemas de convertibilidad también pueden producir situaciones de sobrevaloración del tipo de cambio como demuestra el reciente fracaso del sistema de convertibilidad argentino.

 

Existen ejemplos importantes de países emergentes que se han  movido hacia ambos extremos del abanico de posibles sistemas cambiarios en la línea recomendada por la solución bipolar. Así, por ejemplo, El Salvador y Ecuador han optado por la dolarización de sus economías. Por el contrario, Méjico (1995), Brasil, Chile y Colombia (1999) son ejemplos de países emergentes que han adoptado flotaciones con éxito. Si observamos los países industrializados, también parece que han tendido a establecerse en uno de los dos extremos, optando por la flexibilidad del tipo de cambio o moviéndose hacia una moneda común, como en el caso de la unión europea. Sin embargo, muchos países emergentes no han optado por las soluciones extremas de completa flexibilidad o rigidez del tipo de cambio, sino que continúan en el término medio, es decir, limitan la variabilidad de su tipo de cambio a través del uso intensivo de sus reservas internacionales.

 

Los análisis empíricos recientes-Fischer (2001), Calvo and Reinhart (2002), Reinhart and  Rogoff (2002)- tienden a mostrar que la popularidad de los regimenes cambiarios intermedios declinó en los años 1990 tanto en los países industrializados como en  las economías emergentes, aunque los regímenes intermedios siguen siendo una elección popular especialmente entre las economías emergentes.  Esta evidencia es el reflejo de que parece no existir  una solución adecuada para  el dilema del tipo de cambio en las economías emergentes. La dolarización o el sistema de convertibilidad implican la imposibilidad de hacer una política monetaria propia.  Los tipos de cambio flexibles tienden a mostrar en muchos casos fluctuaciones erráticas, especialmente cuando la flexibilidad se introduce tras el abandono de un sistema de tipo de cambio fijo. Por otra parte, los sistemas intermedios basados en la intervención discrecional para limitar la variabilidad del tipo de cambio pueden convertir al banco central y sus reservas internacionales en una marioneta de los especuladores si el país no tiene política monetaria creíble, lo que suele ser habitual en muchos países emergentes. 

 

La aparente imposibilidad de encontrar un sistema cambiario apropiado simplemente refleja el hecho de que los mercados de divisas son internacionales pero los gobiernos son nacionales. Por ello, recientemente ha surgido una tercera corriente de opinión que considera que la solución al problema del sistema cambiario para las economías emergentes pasa por reducir los choques económicos desestabilizadores que vienen del exterior, lo que se lograría con una estabilización de las tres grandes monedas del sistema monetario internacional (dólar, yen, euro). Incluso hay autores, por ejemplo, Cooper (1999) o Mundell (2000),  que van más allá y proponen la creación de una moneda global y un banco central global como la solución  apropiada para hacer frente a los problemas de la globalización de los mercados.

 

2. Las crisis de los tipos de cambio fijos en las economías emergentes.
 

Una ventaja fundamental de un sistema de tipo de cambio fijo es que, en países con tradición inflacionista, el sistema cambiario proporciona credibilidad al banco central y por ello es menos costoso rebajar la inflación. Esta ventaja es consecuencia de la teoría de la inflación popularizada por Barro y Gordon (1983) en la década de los ochenta, que predice que si un gobierno tiene tradición inflacionista, sus anuncios para descender la inflación no son creíbles. En este caso, si el gobierno realiza una política decidida contra la inflación, tendrá que soportar un alto coste en términos de recesión económica. El gobierno puede hacerse creíble si establece una regla clara que rompa la psicología inflacionista de un solo golpe. Esta regla en un sistema de tipo de cambio fijo es el compromiso del gobierno de mantener el tipo de cambio al nivel de paridad anunciado. 

 

Puede decirse que la idea de un sistema de tipo de cambio fijo es “atar” la política monetaria del gobierno al objetivo de mantener el tipo de cambio. En los sistemas de tipo de cambio rígido, como era el sistema de convertibilidad argentino (1991-2001) o es el sistema de convertibilidad actualmente existente en Hong Kong e implantado en 1983, podría decirse que su objetivo es eliminar totalmente la discrecionalidad del banco central.  En este caso el banco central sólo puede emitir moneda cuando se encuentra respaldada al cien por cien por moneda extranjera en su poder.

 

Un sistema de tipo de cambio fijo tiene, por tanto, la ventaja de que la inflación queda determinada por lo que se denomina el “ancla nominal”, es decir, una moneda fuerte, como era el marco en el sistema monetario europeo ( 1979-1998 ), o el dólar en el sistema de convertibilidad argentino. Además, existen dos ventajas adicionales. Por una parte, se logra que el tipo de interés sea menor y por ello aumentará la inversión y el crecimiento económico. Este menor tipo de interés se obtiene porque si los inversores no esperan una depreciación del tipo de cambio exigirán un tipo de interés inferior para mantener activos en esa moneda. Por otra parte, al limitarse la volatilidad del tipo de cambio se reducen los costes de transacción y la incertidumbre lo que puede tener un efecto favorable sobre el comercio y la inversión internacionales.

 

Estas consideraciones teóricas se han visto en gran parte avaladas por los hechos. Así, la experiencia nos muestra que muy pocos países han logrado disminuir altas tasas de inflación  sin  estabilizar primero el tipo de cambio[2]. Además, se observa que cuanto más fijo es el tipo de cambio, más éxito han tenido los países a la hora de disminuir la inflación. Así, de las once estabilizaciones de tipo de cambio más importantes realizadas desde finales de los ochenta, las cuatro que optaron por un sistema de convertibilidad-Argentina (1991), Estonia (1992), Lituania (1994) y Bulgaria (1997)-disminuyeron la inflación con gran éxito[3].  En el caso concreto de Argentina, después de la implantación de la convertibilidad,  la inflación se redujo desde cifras de cuatro dígitos a cifras de un dígito en un sorprendente corto período de tres años. Este logro debe calificarse de espectacular si tenemos en cuenta que el crecimiento de los precios había experimentado una variación media anual del 440% durante el período 1980-1990[4]. Asimismo, el tipo de cambio fijo produjo una fuerte entrada de capital extranjero y un crecimiento económico sin precedentes.

 

Aunque implantar un sistema de tipo de cambio fijo es una estrategia adecuada para controlar la inflación, la experiencia de las crisis financieras ocurridas a lo largo de los noventa nos muestra que esta estrategia puede ser especialmente peligrosa para los países emergentes que se encuentran altamente endeudados en moneda extranjera.[5] Además, cuando se produce un ataque especulativo y un país emergente tiene que abandonar un sistema de tipo de cambio fijo, el país tiene que incurrir en un alto coste económico que es mayor cuanto “más fijo” es el tipo de cambio que debe abandonarse. [6]   Los gobiernos se resisten a abandonar el tipo de cambio fijo por temor a perder credibilidad, pero cuanto más tiempo se mantiene el tipo de cambio más vulnerable se hace el sistema financiero, por lo que al final el tipo de cambio fijo es derrotado por una crisis.  En este sentido podría decirse como señala (Eichengreen 2001, p.11), “que la estabilización basada en el tipo de cambio sólo compra estabilidad hoy al precio de inestabilidad en el futuro.”
 

Naturalmente, en un sistema de tipo de cambio flexible la moneda de un país también se deprecia cuando su inflación es superior a la inflación de los países con los que comercia. Sin embargo, bajo un sistema de tipo de cambio fijo, cuando el ataque contra una moneda tiene éxito, la depreciación de la moneda doméstica es generalmente mucho mayor, más rápido y menos anticipado que cuando la depreciación se produce dentro del contexto de un régimen de tipo de cambio flexible. Además, la experiencia muestra que  el abandono de los sistemas de tipo de cambio fijo genera en muchos casos una crisis financiera.  Así, por ejemplo, durante la crisis mejicana de 1994-95, el valor del peso se redujo a la mitad en sólo unos meses, la posición deudora neta de las empresas aumentó considerablemente y el PIB real descendió un 6,2% en 1995.  Hay que señalar, además, que este colapso en la producción se produjo a pesar de la ayuda masiva internacional (de alrededor de 50 mil millones de dólares) usada para refinanciar los Tesorobonos y la deuda a corto plazo de los bancos[7].  Argentina incurrió en unos costes aun mayores cuando abandonó su tipo de cambio superfijo en 2001. El abandono de la convertibilidad argentina provocó una crisis financiera que indujo una contracción brutal de la economía en el año 2002 con un descenso del PIB del 16% según la estimación del FMI[8]. La crisis asiática de 1997 también fue acompañada de grandes depreciaciones del tipo de cambio como muestran los datos del Cuadro 1.

 

Cuadro 1

Crisis asiática y tipos de cambio en países del Este  Asiático

Variación porcentual en 1997

 

País

Con respecto al dólar

Ponderado por el comercio

Indonesia

-56

-44

Malasia

-35

-24

Filipinas

-33

-26

Corea del Sur

-47

-43

Tailandia

-45

-38

 

 

Naturalmente, surge la pregunta de porqué el abandono de un sistema de tipo de cambio fijo va asociado con una recesión económica en las economías emergentes,  mientras que en los países desarrollados normalmente ocurre lo contrario. Así, por ejemplo, la libra esterlina, tras ser derrotada en los mercados por la especulación, tuvo que abandonar el mecanismo de cambios del sistema monetario europeo el 16 de septiembre de 1992. Sin embargo, en 1994, cuando todavía no habían transcurrido dos años, la inversión y el PIB real del Reino Unido estaban creciendo, respectivamente, el 4.5% y el 3.5%; el desempleo descendiendo; el déficit por cuenta corriente estaba por debajo del 1% del PIB; y, la inflación medida por el índice de precios al consumo permanecía controlada en un 2%[9].

 

La causa fundamental que explica que la depreciación del tipo de cambio tras el abandono de un sistema de tipo de cambio fijo tiene efectos contractivos en las economías emergentes es el alto endeudamiento en moneda extranjera de estas economías. Este hecho es consecuencia de lo que Eichengreen y Hausmann  (1999) han denominado como la hipótesis del “pecado original”. En países de tradición inflacionista, la moneda nacional no puede ser utilizada por las empresas o el gobierno para pedir prestado a largo plazo en el extranjero, ya que la emisión de deuda en moneda nacional no es aceptada por unos prestamistas que esperan racionalmente altas tasas de inflación en ese país. Esto  es debido a que la deuda en moneda nacional puede repudiarse indirectamente a través de la inflación, mientras que la deuda en moneda extranjera no. Este hecho produce un “desacoplamiento de la moneda” (“currency mismatch”) ya que las empresas  tienen que financiarse en dólares para financiar proyectos que generan moneda local (por ejemplo, reales brasileños o pesos argentinos). Por ello, si se produce una devaluación, las empresas pueden ir a la quiebra ya que están inevitablemente endeudadas en dólares[10].
 

Aunque la medición del grado de desacoplamiento de moneda es un tema complejo, en el Cuadro 2 se recogen datos que muestran la magnitud del problema a mediados de los noventa y durante las dos últimas décadas en algunas economías emergentes representativas. Teniendo en cuenta que la experiencia señala que cuando la deuda externa duplica el valor de las exportaciones la situación es delicada, se observa que países como Argentina, Brasil y Turquía se enfrentaban a graves dificultades a mediados de los noventa. El indicador de la tercera columna del Cuadro 2, que recoge en qué medida los pasivos en moneda extranjera están cubiertos por activos en moneda extranjera, muestra también la existencia de un problema de desacoplamiento de moneda para gran parte de los países analizados, destacando de nuevo el caso de Argentina[11]

 

 

Cuadro  2
Indicadores de desacoplamiento de moneda.

 

 

País

Servicio de deuda extranjera /Exportaciones (a)

Deuda extranjera/Exportaciones
(b)

Pasivos/activos en moneda extranjera
(c)

 

Argentina

0.37

4.73

4,1

 

Brasil

0.37

3.43

1,9

 

Chile

0.26

2.13

2,8

 

Colombia

0.61

2.42

3,8

 

Ecuador

0.26

3.92

-

 

Méjico

0.36

2.30

0.3

 

Malasia

0.11

0.53

1.8

 

Perú

0.25

5.77

1.0

 

Filipinas

0.34

2.92

1.3

 

Tailandia

0.18

1.47

2.2

 

Turkia

0.56

3.60

0.7

 

 

 

3. ¿Son adecuados los tipos de cambio flexibles para las economías emergentes?
 

En los últimos años  los tipos de cambio más o menos fijos  han estado presentes en todas las grandes crisis financieras de los países emergentes- Méjico (1994); Tailandia, Indonesia, y Corea (1997); Rusia y Brasil (1998); Argentina (2000); y Turquía (2000 y 2001). Sin embargo, las economías emergentes sin tipo de cambio fijo –como Sudáfrica, Israel, Méjico y Turquía (1988)- han podido evitar esas crisis.  

 

Si analizamos los sistemas cambiarios de los países en vías de desarrollo en los últimas tres décadas, se observa que, en general, ha habido un movimiento hacia la flexibilidad del tipo de cambio. En efecto, los  sistemas de tipo de cambio fijo en estos países han ido perdiendo peso a favor de los tipos de cambio variables desde que en 1973 se abandonó el sistema de Bretton Woods[12]. Según el Fondo Monetario Internacional, el 97 por ciento de sus países miembros tenían un tipo de cambio fijo en 1970; en 1980, el porcentaje había descendido al 39 por ciento, y en 1999, era sólo del 11 por ciento. Si nos centramos en los países emergentes, de los 33 países que J.P. Morgan clasifica como tales, la proporción con regímenes cambiarios intermedios descendió desde el 64% al 42%.  A finales de 1999, 16 de estos países tenían tipos flotantes y 3 tipos de cambio rígidos[13] (en la actualidad son 2 después del abandono de la convertibilidad argentina). En general, por tanto, se observa un desplazamiento hacia los tipos de cambio flexibles en economías emergentes y en vías de desarrollo.

  

No obstante hay que señalar que este desplazamiento hacia la flexibilidad del tipo de cambio ha sido cuestionada por algunos autores, como por ejemplo, por Calvo y Reinhart (2000). Estos autores muestran evidencia empírica que avala la hipótesis que denominan “miedo a flotar”. Es decir, muchos países emergentes y en vías de desarrollo que declaran su moneda en flotación, en la realidad, intervienen ampliamente en los mercados de divisas para estabilizar el tipo de cambio.  Ello hace que el tipo de cambio de estos países muestre una baja variabilidad comparada con la variabilidad del tipo de cambio de monedas en verdadera flotación,  como el dólar, el yen o el euro.

 

Los defensores de la flexibilidad del tipo de cambio para economías emergentes señalan que los sistemas intermedios de tipo de cambio fijo han mostrado no ser viables en los países integrados en los mercados de capitales, opinión que parece confirmar las numerosas crisis de tipo de cambio. Este hecho es consecuencia de lo que se denomina el trilema imposible. Es decir, un país no puede, simultáneamente, mantener un tipo de cambio fijo, movilidad del capital y una política monetaria dedicada a objetivos domésticos. Surge la pregunta de porqué no puede un país emergente fijar su tipo de cambio si está dispuesto a renunciar a una política monetaria doméstica, ya que ello sería compatible con el trilema imposible. La respuesta a la pregunta se basa en un problema de credibilidad. Los   participantes en el mercado de divisas esperan que si los políticos pueden alterar el tipo de cambio para obtener un beneficio a corto plazo, lo harán. Esta expectativa hace precisamente que un sistema de tipo de cambio fijo sea menos creíble, lo que acaba minando el sistema y confirmando las expectativas. Además, defender una moneda de un ataque especulativo tiene un coste en términos de recesión económica, y los mercados saben que si este coste es políticamente insoportable se producirá el abandono del sistema de tipo de cambio fijo. En definitiva, la falta de credibilidad de la política económica en países emergentes hace que los sistemas intermedios de tipo de cambio fijo sean propensos a los ataques especulativos.

 

Sin embargo, los tipos de cambio flexibles tampoco parecen ser la solución adecuada para las economías emergentes.  Esto se debe a que estas economías presentan dos características que hacen que la flexibilidad del tipo de cambio no genere el efecto favorable que produce en las economías desarrolladas. Estas dos características son: a) la depreciación de su moneda tiene un alto impacto inflacionista; y, b) su alto endeudamiento en moneda extranjera. A continuación se analizan estos dos aspectos.


a). El alto impacto inflacionista de la depreciación.

 

Una ventaja de un sistema de tipo de cambio variable es que cuando se produce una pérdida de competitividad de la economía, la depreciación del tipo de cambio corrige ese desequilibrio ya que estimula la exportación y desalienta la importación produciendo un efecto expansivo sobre el nivel de actividad económica. El tipo de cambio es por tanto un mecanismo de ajuste alternativo a un descenso de precios y salarios para recobrar la competitividad. Sin embargo, hay que tener en cuenta que una depreciación del tipo de cambio también aumenta el precio de los productos importados expresados en moneda nacional, es decir, tiene un impacto inflacionista en la economía. Por tanto, el efecto favorable de una depreciación del tipo de cambio depende de si la mejora en la competitividad es superior al efecto inflacionista adverso inducido por esa depreciación.   

 

Calvo y Reinhart (2000), aportan evidencia empírica que muestra que las variaciones en los precios de las importaciones inducidas por las variaciones en el tipo de cambio se transmiten más rápido a los precios domésticos en los países emergentes que en los países industrializados. Este hecho puede explicarse porque en países con tradición inflacionista, el compromiso del gobierno para estabilizar los precios es poco creíble, por lo que los agentes económicos pueden anticipar que el efecto transitorio de una depreciación sobre los precios  puede ser validado por la política del gobierno y hacerse permanente. Cualquiera que sea la explicación, lo cierto es que la depreciación del tipo de cambio en países emergentes tiende a tener un alto impacto inflacionista y un bajo efecto expansivo de la actividad económica.

 

b) El alto endeudamiento en moneda extranjera.

 

En contra de lo que podría pensarse a priori, no existe evidencia empírica que avale la hipótesis de que un sistema de tipo de cambio flexible lleve a que el endeudamiento de las economías emergentes esté menos dolarizado (Honing, 2003). Por ejemplo, Perú, con su actual tipo de cambio en régimen de flotación, esta altamente endeudado en dólares, mientras que Brasil, cuando tuvo un sistema de tipo de cambio fijo ajustable en el período 1994-98, tenía un modesto endeudamiento en dólares[14].

 

En muchos países emergentes con tipo de cambio flexible, el endeudamiento del gobierno, los bancos, y las empresas está denominado fundamentalmente en moneda extranjera,  mientras que los ingresos se obtienen principalmente en moneda nacional.  Esto es consecuencia, como ya se ha señalado anteriormente, de la hipótesis del “pecado original”.  Es cierto que los bancos pueden tratar de eludir en parte este problema proporcionando los préstamos en dólares, pero de esta forma simplemente pasarán el problema del endeudamiento en moneda extranjera a sus clientes.

 

Cuando se produce la depreciación de la moneda, los bienes domésticos son más competitivos en los mercados internacionales, por lo que puede esperarse un efecto beneficioso sobre la actividad económica. Sin embargo, el endeudamiento en moneda extranjera de bancos, empresas, economías domésticas y gobiernos hace que se produzca un deterioro de la riqueza de estos agentes económicos, por lo que puede esperarse un descenso del consumo y la inversión, un empeoramiento de las finanzas públicas, y el consiguiente efecto contractivo sobre la actividad económica. Este proceso es lo que se denomina el "acelerador financiero”, es decir, la debilidad de los balances de bancos y empresas magnifican el efecto contractivo de la depreciación del tipo de cambio.   

 

Se plantea, por tanto, la pregunta de si una depreciación del tipo de cambio produce siempre un efecto contractivo sobre la actividad económica. La respuesta que parece más adecuada es que cuando el tipo de cambio se deprecia en una cuantía importante domina el efecto contractivo. Sin embargo, cuando la moneda se deprecia en una pequeña cuantía domina el efecto positivo de mejora de la competitividad. Esto podría explicar que los países emergentes se decanten por no fijar el tipo de cambio, es decir, existiría un “miedo a fijar” el tipo de cambio (fear of fixing). Se observa que aquí existe un efecto no lineal que parece arbitrario desde el punto de vista de la racionalidad económica: Una “pequeña” depreciación tiene un efecto diferente que una depreciación “grande”[15].

4. Conclusión.

 

El sistema cambiario apropiado para países emergentes se ha convertido en un tema de especial actualidad tras las crisis de tipo de cambio ocurridas en la década de los noventa. La ortodoxia económica actual recomienda lo que se denominan las soluciones de esquina, es decir, optar por un tipo de cambio superfijo o por la flexibilidad. La experiencia muestra que estas soluciones tampoco están exentas de problemas, lo que ha llevado a que algunos autores a proponer la estabilización de los tipos de cambio del dólar, euro y yen como una solución para la inestabilidad cambiaria de los países emergentes.  

  

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[1] Un ejemplo de sistema de banda de fluctuación es el Sistema Monetario Europeo (1979-1998) que precedió a la unión monetaria europea. Un sistema de tipo de cambio deslizante es el que estuvo vigente en Brasil hasta enero de 1999.
[2] Este hecho ha sido resaltado por Fischer (2001).
[3] Mussa et al (2000). 
[4] Dato tomado de Dornbush, R. y S. Edwards (1996).

[5] Miskin (2001).

[6] Lusting (2001, p.91)
[7] Calvo (1997). 
[8]  IMF (2002)
[9] Pi Anguita (1997)
[10] Asimismo, se produce un desacoplamiento de vencimientos (“maturity mismatch”) si las empresas optan por la opción de financiar los proyectos a largo plazo con créditos a corto plazo en moneda doméstica.

 

[11] Se produce un desacoplamiento de moneda cuando el valor del indicador es mayor que 1
[12] Broda (2001)
[13] Datos tomados de Fischer (2001)
[14] Calvo y Mishkin (2003, p.114)
[15] Los trabajos de Aghin, Baccheta y Benergee (2000) y Krugman (2001) 

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Joaquin Pi Anguita. Departamento de Economía  Aplicada V.  Universidad  Complutense.
Facultad CC.PP.SS. Campus  Somosaguas. Madrid. e-mail: economia@joaquinpi.com
 


Last updated August 2005