- De Grauwe, P. (1994), Teoría de la
Integración Monetaria: Hacia la Unión Monetaria Europea,
Madrid, capítulo 1. - A Theory of Optimum Currency
Areas (in
Communications) Robert A.
Mundell, The American Economic
Review, Vol. 51, No. 4. (Sep., 1961),
pp. 657-665. - Currency Areas, Common Currencies, and
EMU (in Common Currencies Versus
Currency Areas) Robert A. MundellThe American Economic Review, Vol. 87, No. 2, Papers and Proceedings
(May, 1997), pp. 214-216. - Un tratamiento a fondo de este tema se
encuentra en el estudio de la Comisión "One Market, One
Money".
Lecturas en
Internet
¿Aumentan los tipos de cambio fijos el comercio
internacional? La respuesta es polémica. Este artículo señala
que la alta volatilidad de tipos de cambio desde los 1970s no
parecen haber perjudicado el comercio. Rafael Moreno,
" Does Pegging Increase International trade?", FRBSF
Economic Letter 29-9-2000. http://www.frbsf.org/econrsrch/wklyltr/2000/el2000-29.html
RESUMEN. Press
Release: The Sveriges Riksbank (Bank of Sweden) Prize in
Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel for 1999. 13
October 1999.
The Royal
Swedish Academy of Sciences awarded the Bank of Sweden
Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel,
1999, to Professor Robert A. Mundell,
Columbia University, New York, USA
for his analysis
of monetary and fiscal policy under different exchange rate
regimes and his analysis of optimum currency areas.
O
ptimum Currency
Areas As already indicated, fixed exchange rates
predominated in the early 1960s. A few researchers did in fact
discuss the advantages and disadvantages of a floating
exchange rate. But a national currency was considered a must.
The question Mundell posed in his article on "optimum currency
areas" (1961) therefore seemed radical: when is it
advantageous for a number of regions to relinquish their
monetary sovereignty in favor of a common currency?
Mundell's article briefly mentions the advantages of a
common currency, such as lower transaction costs in trade and
less uncertainty about relative prices. The disadvantages are
described in greater detail. The major drawback is the
difficulty of maintaining employment when changes in demand or
other "asymmetric shocks" require a reduction in real wages in
a particular region. Mundell emphasized the importance of high
labor mobility in order to offset such disturbances. He
characterized an optimum currency area as a set of regions
among which the propensity to migrate is high enough to ensure
full employment when one of the regions faces an asymmetric
shock. Other researchers extended the theory and identified
additional criteria, such as capital mobility, regional
specialization and a common tax and transfer system. The way
Mundell originally formulated the problem has nevertheless
continued to influence generations of economists.
Mundell's considerations, several decades ago, seem
highly relevant today. Due to increasingly higher capital
mobility in the world economy, regimes with a temporarily
fixed, but adjustable, exchange rate have become more fragile;
such regimes are also being called into question. Many
observers view a currency union or a floating exchange rate -
the two cases Mundell's article dealt with - as the most
relevant alternatives. Needless to say, Mundell's analysis has
also attracted attention in connection with the common
European currency. Researchers who have examined the economic
advantages and disadvantages of EMU have adopted the idea of
an optimum currency area as an obvious starting point. Indeed,
one of the key issues in this context is labor mobility in
response to asymmetric
shocks.
Para comprender esta lección
es útil definir estos conceptos previos:
Área monetaria:
Es un grupo de países que se comprometen a
mantener sus tipos de cambio dentro de un sistema de unas bandas
estrechas de flotación definidas alrededor de un tipo de cambio
central que puede variarse unilateralmente. (" A currency area is a group of
countries that undertake to contain their bilateral exchange rates
within narrow bands defined in respect of agreed central rates
which they can change unilaterally. Kenen
1997")
Un ejemplo de área monetaria era el mecanismo de
cambios del Sistema Monetario Europeo.
Área monetaria óptima:
Es un área monetaria que reúne los requisitos
económicos adecuados para que sea implantada.
Unión Monetaria:
Un conjunto de países o regiones que tienen una
moneda, un banco central y una política monetaria.
Por ejemplo, la unión monetaria europea es
obviamente una unión monetaria, pero ¿es un área monetaria óptima?
No necesariamente. Hay economistas que piensan que la moneda
única para la euro zona no es la mejor solución desde el punto de
vista de la teoría económica.
Un primer beneficio
que se deriva de una unión monetaria con una moneda única es la
desaparición de los costes de transacción, es decir, de conversión
de una moneda en otra.
Bajo el supuesto de
que la diferencia entre los precios de compra y venta de
monedas reflejan los recursos reales dedicados al cambio de
monedas, la Comisión (1990) estimó que la ganancia directa en
bienestar a través de esta vía se situaría en la UME en una cifra
cercana al 0.5% del PIB, siendo los países con unos sectores
financieros relativamente menos sofisticados los que obtendrían
una proporción mayor de estos
beneficios.
2. Eliminación de desajustes y de la
volatilidad del tipo de cambio.
Un segundo beneficio
de una unión monetaria- cuando se compara con un régimen de
flotación de cambios se deriva de la reducción en los desajustes
del tipo de cambio y en la volatilidad del mismo. Cuando hay una
moneda, la volatilidad del tipo de cambio se reduciría a cero, y
la posibilidad de una desajuste en el tipo de cambio desaparecería
por completo.
El principal efecto que
producen los desajustes prolongados del tipo de cambio - como los
ocurridos desde 1973-, es que tienden a aislar a los tipos de
cambio de la economía real. Aunque no hay evidencia clara
sobre la importancia del coste derivado del desajuste del tipo de
cambio, si hay unanimidad en admitir que los desajustes ocurridos
en el pasado - por ejemplo, para el dólar en los ochenta -,
han tenido un alto coste. El tipo de cambio real es el
principal determinante de la división de la producción doméstica
entre los mercados nacional y extranjero, y de la distribución de
la demanda doméstica entre bienes nacionales y extranjeros. Los
desajustes del tipo de cambio real transmiten señales falsas a los
mercados, lo que puede afectar negativamente a la localización de
la inversión y la capacidad productiva. (Los estudios empíricos de De Grawve
(1987), De Grawve y Bellefroid (1989), y Pere y Steinherr (1989),
tienden a avalar la hipótesis de que la incertidumbre producida
por el desajuste del tipo de cambio tiene efectos negativos sobre
los flujos comerciales. Actualizar con estudios más
recientes)
Por lo que respecta a la
volatilidad de los tipos de cambio, se ha señalado que tiene un
efecto adverso sobre el comercio mundial al introducir
incertidumbre en las transacciones comerciales internacionales.
Sin embargo, esta opinión ha sido puesta en entredicho tanto en el
ámbito teórico como a nivel empírico.
En efecto, la afirmación de que la
variabilidad del tipo de cambio afecta de forma adversa al
comercio internacional, se basa en que los agentes económicos
renuentes al riesgo pueden reducir su actividad (el
comercio), si aumenta el riesgo, es decir, si aumenta la
variabilidad del rendimiento que pueden obtener de su actividad
comercial. Como la mayoría de los contratos en el comercio
internacional implican un riesgo de variación del tipo de cambio-
porque existe un retardo entre el contrato y el pago
-, puede esperarse que la mayor variabilidad del tipo de cambio
haga descender el comercio. Este efecto es discutible, sin
embargo, por dos motivos. Primero, porque el riesgo asociado a las
variaciones en el tipo de cambio puede asegurarse en el mercado de
divisas a plazo.
Segundo, existen razones teóricas
que permiten afirmar que la mayor variabilidad del tipo de cambio
podría incluso aumentar el comercio. Este argumento parte del
principio de que el valor de una opción aumenta con su
variabilidad, y el comercio representa siempre una opción.
Es decir, las variaciones en el tipo de cambio representan no solo
un riesgo de pérdida sino también la posibilidad de hacer un
beneficio. Si aumenta la variabilidad del tipo de cambio,
aumenta la probabilidad de obtener altos beneficios y también
altas pérdidas. Sin embargo, la empresa exportadora puede evitar
estas pérdidas ya que puede dejar de exportar. Por tanto, una
mayor variabilidad del tipo de cambio produce una mayor
probabilidad de realizar altos beneficios que no se ve compensada
por una mayor probabilidad de realizar altas pérdidas, sino sólo
de realizar unos menores beneficios. En definitiva, la mayor
variabilidad del tipo de cambio aumenta tanto el valor esperado de
los beneficios como la incertidumbre de los mismos.
Ello hace que desde un punto de vista te¢rico no sea posible
determinar a priori el efecto de la mayor variabilidad del tipo de
cambio sobre el comercio.
La
evidencia empírica no ha producido resultados concluyentes sobre
el impacto de la volatilidad del tipo de cambio en el volumen de
comercio. Algunos estudios apoyan la hipótesis de que
la volatilidad tiene un efecto adverso sobre el comercio. Por el
contrario, otros estudios ponen en duda la existencia de este
efecto negativo.
Hay que señalar que la ausencia de
un efecto negativo claro de la volatilidad del tipo de cambio
sobre el comercio, no permite concluir que los costes de la
volatilidad hayan sido despreciables. En efecto, los efectos de la
incertidumbre no son exclusivamente aumentar el riesgo. Como ha
señalado Krugman (1990),
"la
incertidumbre puede hacer que las decisiones de inversión
respondan lentamente a variaciones en los costes, debido al
valor de la opción de 'esperar y mirar'; o puede hacer que las
empresas construyan un exceso de capacidad, para aprovecharse de
las variaciones del tipo de cambio; o puede simplemente degradar
la cualidad de las decisiones. Por ello, el hecho de que el
comercio haya continuado creciendo a pesar de la volatilidad de
los tipos de cambio nos dice poco sobre los costes verdaderos de
esa volatilidad".
El señoreaje es el ingreso que
obtiene un gobierno a través de la emisión de dinero. Cuando
esta emisión de dinero tiene como misión la financiación del
déficit público, el ingreso que se genera por esta vía puede
ser de una cuantía importante. En este caso, dado el
nivel de empleo, puede esperarse que la emisión de dinero
genere inflación, por lo que el señoreaje también recibe el nombre
de impuesto inflacionista, ya que es equivalente a un impuesto que
recae sobre aquellos que mantienen saldos monetarios.
- El señoreaje óptimo.
El señoreaje
óptimo, puede variar para los diferentes países. Depende del
coste de financiar el gasto público a través de impuestos y a
través de la emisión de dinero.
- Datos sobre
señoreaje
Para el caso de la Unión Europea,
los estudios realizados por la Comisión (1990) muestran que, en la
práctica, la cuestión del señoreaje tiene una importancia
insignificante. En efecto, para los países del norte de la UE el
flujo de ingreso del gobierno a través de la creación de dinero no
supera el 0.5 por ciento del PNB. Sólo para Grecia,
Portugal, España e Italia, se observan cifras de señoreaje
de alguna importancia en la década de los ochenta, aunque a
principios de los noventa no superaban el 1 por ciento del
PIB.
2. El coste de renunciar
al tipo de cambio
-El tipo de cambio y los
choques económicos asimétricos: Análisis de
Mundell.
Un segundo coste potencialmente más
importante de una unión monetaria- señalado por Mundell (1961) en
su teoría de las áreas monetarias óptimas -, es el que se
deriva de la pérdida del tipo de cambio como instrumento de
política macroeconómica. En efecto, el país que se integra en una
unión monetaria total, pierde la posibilidad de realizar
variaciones en el tipo de cambio de su moneda con respecto a la de
los restantes miembros de la unión. Sin embargo, la
variación del tipo de cambio puede ser importante por dos motivos.
Primero, cuando es necesario
alterar la relación real de intercambio, para hacer frente a
ajustes en la economía frente a choques de oferta o demanda.
Segundo, cuando debido a la
rigidez de salarios y precios domésticos, el camino de ajuste
alternativo es un costoso proceso de recesión o
inflación.
Siguiendo a Mundell (1961), se puede abordar a nivel muy simple el
problema del ajuste ante choques económicos, suponiendo un
desplazamiento de demanda desde un miembro de la unión, que
llamaremos España, hacia otro miembro, que llamaremos Alemania
[1]. Este desplazamiento de demanda generará un descenso en el
nivel de producción y empleo en España, y un aumento de la
producción y el empleo en Alemania. Asimismo, recordando que
la balanza por cuenta corriente es igual a la producción doméstica
menos el gasto domestico, lo más probable es que se genere un
déficit en la balanza de pagos por cuenta corriente de España y un
superávit en la de Alemania. Se produce, por tanto, un problema de
ajuste tras un choque económico, en este caso de
demanda.
Una posibilidad de ajuste, no disponible en la unión monetaria,
sería devaluar el tipo de cambio peseta/marco. Ello
produciría una mejora de la competitividad española, aumentando la
demanda, la producción y el empleo en España, y a la inversa para
Alemania. Esta posibilidad de devaluar no existiría, obviamente,
en la unión monetaria. Se plantea, por tanto, el problema de si
existe una alternativa a la variación del tipo de cambio para
lograr el ajuste en la unión monetaria. Naturalmente, puede
ponerse en duda la eficacia de la devaluación para lograr el
ajuste. En la medida en que sea cierto que la devaluación no es
eficaz, descender el coste de la unión monetaria.
Una primera posibilidad de ajuste en la unión monetaria se basa en
la flexibilidad de salarios y precios. Si el desempleo hace
descender los salarios en España, y el exceso de demanda de empleo
los aumenta en Alemania, mejorara la competitividad de
los productos españoles, que verán descender su precio, y
empeora la de los productos alemanes, que verán aumentar su
precio, alcanzándose un nuevo equilibrio.
Una segunda
posibilidad de ajuste en la unión se basa en la movilidad del
trabajo. Si la mano de obra desempleada de España se
traslada a Alemania, en donde existe un exceso de demanda de
trabajo, se alcanza una nueva situación de pleno empleo en
España y se solucionar el problema de exceso de
demanda de trabajo en Alemania.
-Los choques asimétricos en la unión monetaria
europea.
¿Puede
esperarse que sean asimétricos los choques en una unión
monetaria? Los choques a los que se ve sometida una
economía pueden ser asimétricos por dos motivos.
El primero, obviamente, es que el
choque sea específico para el país en cuestión, como sería el caso
en que se produjeran variaciones no anticipadas en su política
económica, en su dotación de recursos, o en el comportamiento de
sus agentes económicos.
El segundo, es que la economía se
vea sometida a un choque común de naturaleza simétrica, como un
choque externo o un choque en un sector productivo específico,
pero que se convierta en asimétrico debido a diferencias en las
economías de los diferentes países.
En la literatura económica han
recibido especial atención dos tipos de diferencias entre países
que pueden convertir en asimétricos choques en principio
simétricos: a) la integración en el mercado de productos, y b) la
organización de los mercados laborales.
-La integración en el mercado de productos:
El análisis de la Comisión y el análisis de Krugman.
Si la
integración en los mercados de una unión monetaria se produce de
forma que sus miembros se especializan en diferentes productos
(inter-industria), la posibilidad de que los choques afecten sólo
a unos miembros será muy alta. Por el contrario, cuando la
integración en los mercados produce especialización
intra-industria, es decir, los componentes para un producto final
proceden de diferentes miembros de la unión, será menor la
posibilidad de que los choques afecten sólo a uno, o a unos pocos
miembros de la unión monetaria.
Sobre esta fuente de generación de choques asimétricos, la
Comisión (1990) ha señalado que, especialmente en el sector de
manufacturas, la CEE se caracteriza de forma creciente por el
comercio intra-industria basado en la explotación de economías de
escala, en lugar de por el comercio inter-industria basado en la
ventaja comparativa. Además, como la integración intra-industria
se ve alentada por las economías de escala y la diferenciación de
productos, puede esperarse que la eliminación de las barreras que
obstruyen la explotación de estas ventajas aumentará la
integración intra-industria. Por ello, con la realización del
mercado único europeo, puede esperarse una intensificación del
proceso de crecimiento del comercio intra-industria, siendo menos
probable que los choques externos tengan un efecto asimétrico en
las economías de la UE.
Esta opinión de que la integración económica produce una
estructura industrial más uniforme, ha sido criticada por diversos
autores. Estas críticas se basan en la existencia de efectos de
aglomeración. Estos efectos harían que con la total
eliminación de barreras al comercio se produjera una mayor
especialización regional, tendiendo a concentrarse en una pequeña
región las industrias que utilizan intensivamente un cierto tipo
de trabajo especializado. En este caso, la mayor integración
económica aumentaría la probabilidad de que se produjeran choques
asimétricos. No obstante, debe señalarse que, aunque hay evidencia
de que este punto de vista puede ser cierto en el caso de USA -
por ejemplo, la concentración de la industria del automóvil en
Detroit -, no parece que en la UE se haya producido hasta ahora un
proceso de concentración industrial de este tipo, lo cual no
quiere decir que en el futuro no puede producirse.
-La organización de los
mercados laborales.
Los choques económicos simétricos también
pueden convertirse en asimétricos cuando en los miembros de la
unión monetaria existen diferencias en la organización de
los mercados laborales. La existencia de diferencias
institucionales en los mercados laborales introduce diferentes
grados de flexibilidad en los salarios reales, que pueden
producir diferentes respuestas de precios y salarios ante
idénticos choques económicos inflacionistas, convirtiendo los
efectos de los mismos en asimétricos. En definitiva, las
diferencias en el comportamiento de los agentes económicos en las
negociaciones salariales introducen diferentes grados de
flexibilidad de los salarios reales, lo que a su vez puede generar
choques asimétricos a partir de un choque económico simétrico
inicial.
Birds of a feather May 27th 1999 From The Economist print
edition
If EMU encourages greater specialisation in
particular industries, economic management will be more
difficult
THE economic case for the euro rests largely
on the idea that it will hasten economic integration. This
in turn will promote competition, leading to higher
productivity and incomes. The case against rests largely on
the idea that “asymmetric shocks”—disturbances that affect
some countries much more than others—will be harder to deal
with in the absence of national monetary policies. But what
if it turns out that the more successful the euro is in
promoting integration, the more susceptible the
single-currency area becomes to asymmetric shocks?
At first sight, this seems unlikely. In a more integrated
Europe, surely, countries will be more alike. Maybe not.
There are reasons for thinking that integration across a
region makes subregions more specialised—that is, less
alike. If this turns out to be true for Europe, the gains
from integration in good times may be great, but the risks
in bad times will be bigger too.
Economic theory suggests several connections between
integration and regional specialisation. In standard
“neoclassical” growth theory, integration makes countries
more similar: once capital and labour are free to move, the
mix in which the two are used tends to converge
internationally. Traditional trade theory complements this
finding. It argues that a country’s incomes and industrial
structure reflect its endowment of labour, capital and other
resources. As countries become richer, the accumulation of
physical and human capital comes to outweigh resources such
as land and climate: endowments become more similar, and so
do patterns of output.
More modern theories emphasise different links. “New”
growth theory is interested in externalities. The return to
a unit of extra investment may be higher in a country that
already has a lot of capital: the existing stock confers an
external benefit on the new addition. If this effect is
powerful, integration may promote divergence rather than
convergence: investment will move all the faster to areas
that already have lots of capital. “New” trade theory
complements this finding (just as traditional trade theory
sat happily alongside traditional growth theory).
Externalities in production will cause high-technology,
high-wage industries to form clusters. The more integrated
these areas are through trade, one with another, the greater
the tendency for clustering to take place. Again,
integration makes economies less alike.
At your service
The
evidence on all this is fiercely contested. There is no
consensus on whether the new theories of trade and growth
are closer to being true than are the current versions of
their predecessors. So far as specialisation is concerned,
it is not even clear exactly what the term means, let alone
how it should be measured. A lot depends on the level of
magnification—that is, on whether you compare broad sectors
(manufacturing, farming) or sub-sectors, or even particular
industries.
It would be hard to deny, though, that the
economy of the United States is more regionally specialised
than the euro zone. Big industries do seem to have clustered
in certain areas: classically, car making in Detroit,
software in Silicon Valley, movies in Hollywood. Europe has
clusters here and there, but they are less pronounced. In
America, asymmetric shocks have often pushed regional
economic cycles out of synch, but fiscal transfers and
labour mobility have eased the adjustment. Europe may find
that integration causes sharper regional cycles—but since
its central budget is small and its labour mobility low, its
ability to cope may be poorer.
A recent study by the OECD reports some
further evidence. First, it looks at a measure of output
divergence (which asks, in effect, what proportion of each
country’s output would need to switch sectors for the
country’s pattern of GDP to conform to the euro-area
average). The results suggest that specialisation has
increased since 1980 in most of the countries examined. (It
also suggests that Italy is the most “European” economy, and
Belgium the least.) But the findings are inconclusive. Using
a similar measure, but looking at 60 sub-national regions
within the euro area rather than at countries, and using
employment in place of output, the researchers find the
opposite: specialisation has been falling, albeit gently,
since the mid-1980s.
It is possible, indeed likely, that “new”
and “neoclassical” effects are going on at the same time. A
paper cited by the OECD shows that specialisation in America
has traced a bell-curve over time. Regional specialisation
increased during the 19th and early 20th centuries as
manufacturing, prone, in the “new” view, to form clusters,
gained ground over agriculture. Later, this trend reversed
and specialisation fell—notwithstanding the fact that
America is today more specialised than Europe.
What happened? “Neoclassical” factors—trade
and comparative advantage—caused a long-term shift in
industrial structure: the economy moved from manufacturing
to services. Many services have to be produced where they
are consumed, which means less regional specialisation. This
was enough to outweigh any tendency within manufacturing for
specialisation to increase. (Note, however, that
specialisation even within American manufacturing has
declined in the second half of this century: the tendency to
cluster may be weaker than before.)
Europe can draw comfort from this. Its
shift from manufacturing to services lags far behind
America’s. Integration, other things equal, will speed it
up. This should mitigate any tendency towards clustering.
For now at least, service economies look more alike than
manufacturing economies, and should prove less susceptible
to shocking developments.
Paul Krugman first drew attention to this
question in his book “Geography and Trade” (1991). The OECD
study is “EMU: Facts, Challenges and Policies” (1999). The
study on America is “Economic Integration and Convergence:
US Regions, 1840-1987” by Sukkoo Kim, NBER Working Paper
6335 (www.nber.org).