Joaquín Pi Anguita /Unión Económica y Monetaria Europea
 


(La política fiscal en la unión monetaria europea. Joaquín Pi Anguita. última actualización noviembre de 2005)

Tema 6. La política fiscal en la unión monetaria europea.

 

 

Lecturas en Internet

- Tensiones sobre la política fiscal 6 meses antes de la introducción del euro:
(Spotting the cracks, The Economist, 19-7-2001)
http://www.economist.com/agenda/PrinterFriendly.cfm?Story_ID=699280 
- Problemas con el pacto de estabilidad y crecimiento en contexto de recesión actual.
"Fiscal policy in the euro area Eichel rocks (and rolls)" The Economist, 23-8-2001.
http://www.economist.com/displaystory.cfm?story_id=752020
-Las restricciones en la política fiscal europea pueden dañar la salud económica.
"Scrap the stability pact" The Economist 23-8-2001
http://www.economist.com/displayStory.cfm?Story_id=748898
-La Comisión avisa a Alemania sobre un déficit excesivo
"Euro´s Stability Pact" (31-1-2002)
http://www.economist.com/printedition/PrinterFriendly.cfm?Story_ID=965917
-¿Amonestación a Alemania?
-
"Europe's stability pact Until next time" The Economist 14-2-2002
http://www.economist.com/printedition/PrinterFriendly.cfm?Story_ID=987851

"The EU stability pact
Promises, promises, fudge, fudge". The Economist 14-2-2002
http://www.economist.com/printedition/displayStory.cfm?Story_id=988063
-Problemas para Portugal

The euro-zone's stability pact
. Rules are made to be bent, aren't they?
Jul 25th 2002 | BRUSSELS. The Economist. http://www.economist.com/background/PrinterFriendly.cfm?Story_ID=1247238
-La caida de las bolsas pone en tensión el pacto de estabilidad:
Catch 2002. 19 de septiembre de 2002, The Economist
http://www.economist.com/printedition/PrinterFriendly.cfm?Story_ID=1338679

-Están impidiendo los altos déficit presupuestarios una política monetaria expansiva del BCE?
The Economist Oct 18th 2002
http://www.economist.com/agenda/PrinterFriendly.cfm?Story_ID=1400470

- European Court of Justice  se pronuncia sobre el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Jul 13 2004.
http://www.economist.com/agenda/displayStory.cfm?story_id=2919484

 

 

ESQUEMA DE LA LECCIÓN

 

 
        La unión monetaria implica la desaparición de la política monetaria como instrumento de política económica individualizado para cada miembro.  Para hacer frente a una recesión doméstica un miembro de la unión deberá confiar en la política fiscal, aumentando el gasto público o reduciendo los impuestos. Por estos motivos, la teoría tradicional de las áreas monetarias óptimas llega a la siguiente conclusión:
 

en una unión monetaria es preciso que los miembros disfruten de una mayor flexibilidad para la política fiscal.

 En concreto, propone que el papel de la política fiscal en la unión monetaria debería descansar en dos principios. 

Primero, sería aconsejable que existiera una alta centralización de los presupuestos nacionales a nivel de la unión monetaria.  Esta centralización permitiría que los miembros sometidos a choques negativos de demanda, recibieran automáticamente transferencias presupuestarias (por ejemplo, vía subsidio de desempleo), reduciendo por tanto el coste asociado con la unión monetaria.

 
Segundo, si la anterior centralización presupuestaria no es posible, como puede esperarse para el caso de la UE, las políticas fiscales nacionales deberían de gozar de autonomía, lo que permitiría que los países miembros hicieran frente a choques negativos de demanda, a través de un déficit presupuestario.

En definitiva, la política fiscal gana protagonismo en una unión monetaria, ya que constituye el único instrumento que pueden utilizar las autoridades nacionales para hacer frente a choques externos, especialmente si la movilidad del trabajo en la unión no es lo suficientemente alta como para paliar, por esta vía, el problema  del  desempleo en un miembro de la unión.

         Se plantean, por tanto, dos preguntas.

La primera es si por el hecho de crear una unión monetaria y/o económica se producen restricciones que impidan que los miembros de la unión monetaria disfruten de la independencia fiscal que compense la pérdida de autonomía de la política monetaria. Es decir, ¿Se debilitará la política fiscal cuando se crea una unión económica y monetaria?

La segunda, si las políticas fiscales nacionales serán suficientes en la unión monetaria, o si por el contrario, será necesario el establecimiento de algún mecanismo fiscal supranacional o federalismo fiscal.

 


         Existen dos argumentos teóricos que permiten concluir que la integración económica y monetaria tiende a reducir la independencia fiscal imponiendo restricciones sobre la política fiscal. Estos argumentos se basan en lo que se denomina la restricción presupuestaria intertemporal del sector público. Esta restricción, bajo el supuesto de responsabilidad fiscal - es decir, garantizando  que los niveles de deuda pública no entran en una senda insostenible -, establece que los programas presupuestarios del gobierno deben obedecer la siguiente restricción:
 

el valor actual de los gastos públicos sin cargas financieras debe ser igual al valor actual de los impuestos más el valor actual de los sucesivos aumentos de la base monetaria.


Expresado en forma simple, la restricción presupuestaria intertemporal del sector público establece que como un crecimiento indefinido de la deuda no puede financiar el gasto público si no se quiere poner en peligro la solvencia del país, el gasto público, a largo plazo, debe financiarse por medio de impuestos  y/o a través de la emisión de dinero.     
                       

        El primero de los argumentos teóricos que afirma que la política fiscal se debilitará al crear una unión monetaria establece que tipos de cambio fijos o una única moneda hacen más rígida la restricción presupuestaria del gobierno. En efecto, al limitar la unión monetaria la posibilidad de obtener ingresos a través de aumentos de la oferta monetaria, se elimina una de las posibles contrapartidas del valor actual de los gastos públicos, haciendo perder capacidad de maniobra a la política fiscal.  Aunque este argumento teórico es cierto, para el caso de la UME, este efecto es de poca importancia. En efecto, como ha mostrado la Comisión en el estudio “One Market, One Money” (Un mercado, Una Moneda), los ingresos de los gobiernos de la UE a través de la creación de dinero son de poca importancia, y serán todavía menores en el contexto del mercado único.

 

        El segundo argumento teórico establece que la integración de los mercados de bienes y factores de producción, endurecerá la restricción presupuestaria del gobierno y por tanto debilitará la política fiscal. En efecto, si existe perfecta movilidad del capital y del trabajo en la unión económica, dado que un  mayor gasto público hoy supondrá mayores impuestos en el futuro, los factores de producción se desplazarán hacia los miembros de la unión con menores impuestos, erosionando la base impositiva y, por tanto, minando la posibilidad de aumentar el valor actual de los impuestos.  Además, en la medida en que los mercados conozcan este  proceso, se negarán a proporcionar financiación a los gobiernos  que excedan su capacidad de endeudamiento. Para el caso de la UE, existe casi unanimidad en que dado que algunos factores de producción, especialmente el trabajo, seguirán teniendo una baja movilidad por razones de lenguaje y culturales,  puede esperarse que exista un alto grado de autonomía fiscal, lo que permitirá la existencia de un amplio abanico de tipos impositivos.

 
        En resumen, hay dos razones teóricas que nos hacen pensar que la política fiscal se debilita al crear una unión monetaria y económica. Sin embargo, para el caso de la Unión Económica y Monetaria Europea puede afirmarse que la autonomía fiscal no se verá erosionada ya que los motivos teóricos no son aplicables. Por el contrario, las restricciones más importantes a las que se enfrenta la política fiscal en la UE son las que se derivan de los criterios señalados para el déficit en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Se plantea, por tanto, el problema de explicar la conveniencia de esta pérdida de autonomía fiscal impuesta a nivel institucional.

 
        En la literatura económica se ha racionalizado la pérdida de autonomía fiscal impuesta en Maastricht y en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento a partir de dos principios.

El primero establece que la integración de los mercados de capitales y  la unificación monetaria tenderán a agravar la tendencia de los gobiernos a endeudarse en exceso. 

El segundo establece que el exceso de endeudamiento de un miembro crea externalidades sobre los restantes miembros, que el mercado es incapaz de corregir.

 
        La integración del mercado de capitales en la unión monetaria agrava la tendencia al exceso de endeudamiento como consecuencia de que desciende el coste marginal del endeudamiento para sus miembros, fundamentalmente como consecuencia de que la unión monetaria elimina la posibilidad de que el gobierno repudie su deuda a través de un choque inflacionista no anticipado. La tendencia al exceso de endeudamiento aumenta el peligro de que los déficit presupuestarios puedan generar, a largo plazo, un problema de sostenibilidad, es decir, que el alto endeudamiento del país le haga entrar en una dinámica a largo plazo que lleva a un crecimiento indefinido del cociente deuda/PIB, y que concluye con la imposibilidad de hacer frente al pago de los intereses de la deuda.

(analice este cuadro)

 

             Un miembro de una unión monetaria que se viera afectado por una posición insostenible de su deuda, crearía una serie de externalidades negativas para el resto de la unión. En concreto, para el caso de la UME, se han señalado tres vías a través de las cuales, la falta de disciplina presupuestaria afectaría negativamente a los restantes miembros.

Primero, es evidente que excesivos déficit presupuestarios en la UME supondrían una presión sobre el banco central para relajar su política monetaria  y, de esta forma, debilitar la presión alcista que sobre los tipos de interés ejercerían esos déficit.

Segundo, aunque el banco central hiciera caso omiso de las presiones generadas por la política fiscal, y se mantuviera fiel a su política monetaria, la posible declaración de quiebra de un miembro o su abandono de la unión monetaria para monetizar su deuda, supondría un alto coste en términos de credibilidad para todo el sistema.

Tercero, el aumento de tipos de interés inducido por los excesivos déficit presupuestarios de un miembro también sería soportado por los restantes miembros.

 

        Por estos motivos, el Tratado de Maastricht se decantó por la imposición de techos a los déficit presupuestarios (3% del PIB) y la deuda pública (60% del PIB) como condición previa para integrarse en la unión monetaria, y la disciplina fiscal se hizo permanente a través del en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.  
 

            La imposición de esta disciplina presupuestaria institucional y, en concreto, la imposición de techos a los déficit presupuestarios, ha sido una cuestión especialmente polémica. En efecto, algunas críticas  han señalado que en lo que respecta a la política fiscal hubiera bastado con la prohibición de monetizar los déficit públicos, sin que sea necesaria la implantación de techos presupuestarios, ya que el mercado se encargaría de disciplinar a los miembros de la unión monetaria. El mercado ejercería su disciplina a través de un aumento del coste marginal del endeudamiento, lo que impulsaría a los participantes a evaluar el riesgo de quiebra.  Se ha señalado, además, que el mercado puede ejercer esta función disciplinaria siempre que se cumplan un conjunto de reglas simples  que aseguren el buen funcionamiento del mismo.
 

         Esta postura es puesta en entredicho por los partidarios de la disciplina institucional, que señalan dos problemas. Primero, que, como se ha dicho más arriba, la unión monetaria agrava la tendencia al exceso de endeudamiento de los gobiernos.  Segundo, que los mercados de capitales pueden fallar a la hora de imponer disciplina presupuestaria. Con respecto al segundo problema, es decir, la ineficacia práctica del mercado  para limitar los déficit presupuestarios, hay que tener en cuenta que el mercado puede fallar a la hora de evaluar los riesgos, o aun cuando el mercado evalúe el riesgo correctamente, un gobierno puede no actuar racionalmente y continuar endeudándose a alto coste para no soportar un ajuste fiscal. Además, la apreciación del mercado sobre el grado de solvencia de los prestatarios oficiales tiende a cambiar de una forma brusca.

 

 

         ¿Son suficientes las políticas fiscales nacionales en una unión monetaria? ¿Debe la unión monetaria ir acompañada de algún mecanismo fiscal supranacional o federalismo fiscal?.  Para responder a estas preguntas deben primero analizarse los tres efectos fundamentales que ejerce la política fiscal federal.

En primer lugar, existe un efecto de igualación, a través del cual los miembros con baja renta reciben transferencias del resto de la unión. Este efecto se produce cuando los tipos impositivos en la unión son progresivos mientras que las transferencias y gasto se distribuyen de forma equitativa. 

En segundo lugar, existe un efecto estabilización, que se produce cuando en una recesión que afecta de forma generalizada a toda la unión, la carga impositiva desciende para todos los miembros y los ingresos por transferencias (desempleo, ect.) aumentan.

En tercer lugar, la política fiscal federal ejerce un efecto de corresponsabilidad regional, que se genera porque las transferencias netas que recibe un miembro de la unión aumentan cuando ese miembro experimenta una recesión que no afecta al resto de la unión.

 

            Es el último efecto de la política fiscal federal o efecto de corresponsabilidad fiscal el que se considera necesario en una unión monetaria. En efecto, se ha señalado que la inexistencia de transferencias fiscales interunión llevaría a la despoblación de los miembros en recesión económica. Así, un miembro en recesión económica se vería forzado a descender su gasto público o aumentar sus impuestos, lo que animaría al capital y al trabajo a emigrar hacia otros miembros con mayores ventajas fiscales, acelerando de esta forma la recesión.

 

        ¿Debe la unión monetaria en Europa ir acompañada de algún mecanismo fiscal supranacional si se quiere evitar un alto costes en términos de empleo para sus miembros?  La respuesta a la pregunta no está exenta de polémica. Además, la polémica se ve exacerbada porque si la respuesta fuera afirmativa, debe tenerse en cuenta que la UE carece de recursos presupuestarios y de capacidad política para poder realizar una política fiscal distributiva a nivel de sus miembros. Una respuesta afirmativa avalaría, por tanto, la opinión de inviabilidad económica de la moneda única en la UE.

 

        Para los detractores de la unión monetaria europea, la inexistencia de una política fiscal federal creará graves tensiones en la futura unión monetaria, y tendrá un alto coste en términos de empleo y/o soberanía económica para sus miembros.  En palabras de Feldstein,

  

"No existen transferencias fiscales desde la CE en su conjunto hacia los países que experimentan una recesión cíclica relativa. Sin un sistema fiscal centralizado, los choques de demanda agregada localizados geográficamente tienen un impacto mayor sobre la renta y el empleo. Si se acepta la moneda única, los gobierno nacionales tendrían pronto que decidir si aceptar una mayor volatilidad del empleo y la renta... o aceptar la pérdida de soberanía nacional sobre los impuestos y el gasto público". (The Economist, 13 de julio, 1992)

           

        Por el contrario, esta postura crítica hacia la unión monetaria en Europa ha sido puesta en entredicho por algunos autores, que han señalado que la inexistencia de una política fiscal de corresponsabilidad regional en Europa no producirá  graves problemas a la unión monetaria. Ello se debe a que la movilidad del trabajo en Europa es muy baja, y puede esperarse que lo siga siendo en el futuro, como consecuencia de las diferencias culturales y lingüísticas. Por ello, los choques asimétricos generarán diferencias entre los salarios reales de los miembros de la unión monetaria, y no flujos migratorios de importancia.  Además esta baja movilidad del trabajo implica una alta estabilidad de la base fiscal, por lo que se verán potenciadas las políticas fiscales nacionales de los miembros.  Estas razones parecen avalar la opinión de que la unión económica y monetaria en Europa no debe ir necesariamente acompañada de una autoridad fiscal federal. En palabras de De Grauwe et al,

 

“América necesita una autoridad fiscal federal fuerte porque las diferencias en los tipos impositivos regionales pueden evadirse a través de la emigración. Europa necesita menos una autoridad fiscal central precisamente porque la movilidad del trabajo es baja, y por ello las políticas fiscales nacionales tienen más efecto" (The Economist, 4 de julio, 1992).

 

            No obstante, parece que hay que aceptar que la inexistencia de corresponsabilidad fiscal a nivel regional en la UE supone una importante desventaja, ya que el ajuste, aunque no se produzca a través de movimientos migratorios, como señalan los defensores de la unión monetaria, no hay duda de que deberá de producirse a través de otra vía, y esa vía, debido a las restricciones institucionales que limitan la política fiscal, puede tener un alto coste.

 

           

¿El Pacto de Estabilidad y Crecimiento moribundo?

In November 2003, La Comisión recomendó iniciar el proceso de sanción contra Alemania y Francia.El Consejo bloqueó el proceso dejando en entredicho el PEC. La Comisión llevó al Tribunal Europeo de Justicia al Consejo. La solución del Tribunal de Justicia la resume a´si The Economist:

"The ECJ ruled that the Council of Ministers cannot formally suspend the pact. But, as the court admitted, the pact can still be held in check if the ministers stubbornly refuse to back the commission’s recommendations. The ruling does not hand victory to the commission, it merely gives them the option of a stalemate. The commission can continue to recommend tough measures for recalcitrant governments, the Council of Ministers can refuse to accept these recommendations, and France and Germany can continue to do as they please." The Economist 13 de julio de 2004

 

The more serious danger is that EMU will disable not just monetary but also fiscal policy. Normally, a country which ties its monetary arm behind its back leaves its fiscal hand free to fend off macroeconomic disturbances. The danger in Europe is that the Maastricht Treaty's Excessive Deficit Procedure and Mr. Waigel's Stability Pact will hamstring fiscal as well as monetary policy. In the short run, Europe will have very little fiscal room for maneuver. This could result in an exceedingly fragile and unstable European economy. Barry Eichengreen University of California, Berkeley, October, 1996.


             Los criterios presupuestarios impuestos en Maastricht estaban previstos como una condición previa para acceder a la moneda única. Sin embargo se planteaba el problema de si era necesario mantener alguna forma de disciplina presupuestaria para los miembros una vez introducida la moneda única. El punto de vista finalmente aceptado fue que para obtener una convergencia económica y monetaria duradera en la UME era conveniente mantener unos déficit presupuestarios bajos en el largo plazo. Esta disciplina presupuestaria ayudaría tendría tres efectos beneficiosos:

En primer lugar, a mantener unos tipos de interés a corto plazo bajos aliviando la carga de la política monetaria.

En segundo lugar, la acogida favorable de este tipo de política en los mercados financieros  permitiría lograr unos menores tipos de interés a largo plazo los tipos de interés a largo plazo.

En tercer lugar, la disciplina fiscal  al reducir los ratios de deuda pública y la carga de la misma  como consecuencia de los menores tipos de interés  permitiría resignar gasto publico hacia  el objetivo de lograr un mayor crecimiento y empleo a largo plazo.

 
            Este punto de vista fue el que llevo al Consejo Europeo de Dublín diciembre de 1996 a establecer el Pacto de la Estabilidad y el Crecimiento, cuyos textos legales se aprobaron  en el Consejo Europeo de Ámsterdam de Junio de 1997.  Además, deben respetarse tanto para lograr la pertenencia a la unión monetaria, como una vez que la unión monetaria haya sido puesta en marcha. Constituyen reglas permanentes de política económica. Los países que superen el 3% de déficit presupuestario serán objeto de apertura de un expediente por parte de la Comisión, que podrá concluir en multas que se moverán entre el 0,2 y 0,5 del PIB. Cuando un país se vea sometido a una “recesión profunda”, es decir, una caída de su PIB igual o superior al 2%, la Comisión renunciará a la apertura de expediente. Cuando la recesión es de menor entidad, es decir, la caída del PIB se sitúa entre el 0,75% y el 2%, el déficit excesivo tiene bastantes posibilidades de no ser penalizado. Cuando la caída en el PIB es inferior al 0.75%, el exceso de déficit presupuestario será objeto de sanción “casi automática”.  

 

3. Críticas al PEC

Seis críticas al PEC. (WP Parlamento Europeo)

Crítica 1: El Pacto de Establidad y Crecimiento reduce la flexibilidad presupuestaria.

Como se ha señalado anteriormente la teoría de las áreas monetarias óptimas  señala que se requiere mayor flexibilidad presupuestaria para que los miembros puedan hacer frente a choques a choques económicos nacionales.

Under the Pact, the 3% of GDP reference value has become a hard ceiling to be breached and only in exceptional circumstances and for a limited period. In order to create sufficient room for manoeuvre, a rapid transition to broadly balanced budgets in structural terms is required. In a situation of subdued growth, such transition would require procyclical policies that may worsen the cyclical conditions. Pro-cyclical policies cannot be excluded in the future if the room for manoeuvre envisaged by the SGP turns out to be insufficient to cope with large scale recessions and adverse shocks.

Crítica 2: El Pacto de Establidad y Crecimiento funciona asimétricamente. (Buti and Martinot, 2000; Korkman, 2001).

El Pacto de Establidad y Crecimientono desincentiva a los gobiernos a descender los impuestos o reducir el gasto en períodos favorables del ciclo económico.


There is nothing in the SGP preventing countries from undertaking pro-cyclical expenditure increases and tax reductions during periods of strong growth . While headline budget figures may not deteriorate, the underlying budgetary position will, thereby leaving the countries exposed in the event of a slowdown in economic activity. Evidence of a pro-cyclical bias still affecting budgetary policies in euro area countries is provided by fiscal behaviours in the year 2000. In a situation of buoyant growth (3.4% for the euro-area as a whole) and an oil price hike which put upward pressure on inflation, countries with high deficits failed to seize the  opportunity to reduce their fiscal imbalances.

Crítica 3: No sanciona las políticas fiscales realizadas por motivos políticos y no económicos

Unlike the Maastricht convergence, sticking to the rules of the SGP may not pay politically. As argued by Buti and Giudice (2002), rewards for complying with Maastricht public finance requirements and penalties for failing to do so were very clearly laid out in the run up to EMU. Meeting the convergence criteria would allow budgetary laggards to join the virtuous countries in the new policy regime. Conversely, failure carried the penalty of exclusion from the euro area. Under the SGP, the carrot of entry has been eaten while the stick of exclusion has been replaced by the threat of uncertain and delayed sanctions. Moreover, the very success of the SGP in reducing the budget deficits would in fact rebuild the capacity of governments to pursue politically-motivated fiscal actions. This temptation may prove irresistible in election years16.

Crítica 4: El Pacto de Establidad y Crecimiento desanima la inversión pùblica.

Maintaining budget positions “close to balance or in surplus” implies that capital expenditure will have to be funded from current revenues. Hence, it will no longer be possible to spread the cost of an investment project over all the generations of taxpayers who benefit from it. This may imply a disincentive to undertake projects producing deferred benefits and entailing a significant gap between current revenues and current expenditures. The disincentive is stronger during consolidation periods.

 

Crítca 5: El Pacto de Establidad y Crecimiento no tiene en cuenta la política fiscal agregada en la Unión Europea.

Under the Pact, each country is responsible for national fiscal policies. However, the aggregation of nationally-determined fiscal policies may not result in an optimal fiscal stance at the euro area level. In turn, the aggregate fiscal stance may not be suitable to ensure an adequate policy mix. An inappropriate fiscal stance may occur without formally violating the rules of the SGP. For instance, a shift from surplus to balance in several countries at the same time may lead to an over-expansionary fiscal stance while remaining within the boundary of the Pact. Conversely, the rule-based coordination envisaged by the Pact may not be adequate to respond to large common shocks which would require a coordinated response.

Crítica 6: El Pacto de Establidad y Crecimiento se centra en el corto plazo y olvida las reformas estructurales.

This criticism has different nuances. First, the SGP focuses almost exclusively on short  term objectives for the budget deficit. As such, it provides incentives for creative accounting and one-off measures which blur the transparency of public accounts. Second, the stock of public debt does not enter the SGP and neither do the contingent liabilities of public pension systems. Hence, the Pact treats equally countries with different medium and long-term prospects and different debt levels. This may imply that the Pact is too demanding for countries in sound fiscal positions. Third, the Pact may prevent countries from implementing policies – such as pension reforms which improve sustainability over the medium and long term at the price of a short term deficit worsening

 

22 de julio de 2003

EN DEFENSA DEL PACTO DE ESTABILIDAD
Lorenzo Bernaldo de Quirós

Jacques Chirac, Presidente de Francia, utilizó el Día de la Bastilla para pedir una flexibilización temporal del Pacto de Estabilidad y Crecimiento con la finalidad de estimular la alicaída economía de la Eurozona. La demanda francesa se suma a las planteadas en esa misma dirección por Francia y Alemania. Este planteamiento es el reflejo tanto del deseo de esos países de postergar "sine die" la reforma de sus obsoletos y ruinosos sectores públicos como de una ignorancia supina sobre los efectos económicos de las estrategias presupuestarias deficitarias. En realidad, el triunvirato de los heterodoxos pretende convertir sus fallos en aciertos, su incompetencia en sentido común y sus malas prácticas fiscales y presupuestarias en un modelo a seguir. Por supuesto, esas pretensiones son inaceptables.

De entrada es necesario apuntar algunas cuestiones elementales. Los franceses, los alemanes y los italianos no han optado por el déficit fiscal para combatir la desaceleración de sus economías. Se han encontrado con él porque no han querido, no han sabido o no han podido poner en orden sus cuentas públicas en los años de expansión. Esta y no otra es la razón por la cual son incapaces de cumplir el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) que ellos mismos consideraron imprescindible para garantizar la estabilidad macroeconómica dentro de la Eurozona. Su keynesianismo de urgencia y su defensa de las estrategias fiscales de relanzamiento de la demanda para afrontar la fase bajista del ciclo equivalen a hacer de la necesidad virtud. Es una justificación ex post de su ineptitud.

Las críticas lanzadas contra el PEC por su supuesta falta de flexibilidad son infundadas. En él se establece un techo a la proporción déficit público/PIB del 3% si se produce un crecimiento negativo del producto del 0.5% o más. Esta regla no es arbitraria. Si se analizan los períodos recesivos padecidos por la UEM entre 1961 y 1996 con caídas del producto entre el 0.5% y el 0.75%, se observa que partiendo de un hipotético presupuesto equilibrado en el año precedente a la recesión, sólo uno de los dieciocho integrantes, Alemania, superaría el techo del 3% en el año siguiente a la misma. En el caso de recesiones más intensas, once de los dieciocho países de la Eurozona superarían ese umbral pero todos, salvo Alemania, caerían por debajo de él cuando la actividad iniciase su recuperación. Desde esta óptica, los argumentos franco-italianos son injustificables.

Por el contrario, si el desequilibrio de las finanzas públicas se sitúa en el 2% del PIB en el año precrisis, ningún Estado de la Eurozona volvería a déficit inferiores al 3% del PIB en el primer año de reactivación (Buti M., Franco D. y Ongena H., Budgetary Policies During Recessions, ECB, 1997). La conclusión es bastante clara. Cuando las finanzas públicas están equilibradas, sólo las recesiones severas, un crecimiento negativo del PIB del 2%, provocan déficit excesivos, superiores al 3% del PIB, pero éstos son temporales salvo que se implanten políticas fiscales expansivas. En estos casos, el retorno a posiciones presupuestarias como las establecidas por el PEC sólo es posible con recortes del gasto y/o aumento de los impuestos. De ahí, los problemas a los que se enfrentarían Francia, Alemania e Italia y, en consecuencia, el conjunto de la zona del euro, si ésta entra en recesión.

Estos comentarios tendrían sólo un valor académico si los déficit públicos fuesen irrelevantes o positivos desde un punto de vista económico. Por desgracia no lo son. En el caso de la UEM, el incumplimiento de las obligaciones impuestas por el PEC por parte de los países grandes de la Eurozona llevaría a un incremento de la prima de riesgo sobre los tipos de interés de esa área económica que neutralizaría la efectividad de la expansión fiscal y acentuaría el declive de la economía. Los Estados con finanzas públicas desequilibradas carecen de margen de maniobra para usar el presupuesto con fines estabilizadores ya que los mercados consideran insostenible su posición fiscal. Por otra parte, estudios empíricos sobre el comportamiento de los Estados de la OCDE durante las recesiones muestran que, en las economías abiertas con tipo de cambio fijo, un aumento del gasto público equivalente al 1% del PIB reduce el crecimiento en 0,4 puntos (Hemming R., Mahfouz S. y Schimmelpfenning A., Fiscal Policy and Economic Activity During Recessions in Avanced Economies, IMF Working Paper, mayo 2002).

En este marco, la entronización en Eurolandia de una dinámica deficitaria impulsada por acciones fiscales y presupuestarias discrecionales, aunque fuese temporal, sería negativa para el crecimiento y para la creación de empleo en una región, como la del área del euro, con un balance pésimo en ambos frentes. El multiplicador keynesiano se ha transformado en un restador. No estimula la actividad, sino que la deprime como lo demuestran la propia realidad alemana, italiana o francesa. Por lo tanto emprender, ese camino en la actual coyuntura sería poco inteligente. Desde esta perspectiva, el gobierno español debe dar la batalla para resistir el embate de la ola heterodoxa que pretende hacer de su incapacidad política regla general exportando al resto de los socios de la UEM sus fracasos.

Cuando las reglas económicas se rompen en búsqueda de beneficios a corto plazo, la política económica se vuelve temporalmente inconsistente, su credibilidad salta hecha pedazos y sus consecuencias son siempre negativas porque los agentes económicos se sienten engañados y castigan al infractor.

Lorenzo Bernaldo de Quirós es presidente de Freemarket International Consulting en Madrid, España y académico asociado del Cato Institute.

 

 

 

This presents a problem. For despite continental Europe's economic weakness, macroeconomic policy there has been far tighter than in America or indeed in Britain. This year, fiscal policy in America has been loosened by almost 2% of GDP, whereas in the euro area as a whole, and especially in Germany, it is being tightened (see chart 9). The tight fiscal policy in Europe has resulted mainly from Europe's self-imposed policy strictures, particularly the Stability and Growth Pact. This requires countries in the euro zone to limit deficits to a maximum of 3% of GDP, other than in extraordinary economic circumstances. Countries that run excess deficits and fail to reduce them can be fined by the European Union. But the efforts to comply with the pact have led to perverse results. Earlier this year, for instance, Germany was talking about raising taxes in the middle of a recession to get its budget deficit down.

However, the roots of Europe's macroeconomic stance go well beyond the stability pact. Whereas America has rediscovered Keynes with a vengeance, European officials remain deeply sceptical about the ability of macroeconomic loosening, and particularly fiscal loosening, to smooth economic cycles. European economists, including several based at American universities, have spearheaded research that shows how, in theory, fiscal tightening (especially spending cuts) can actually boost the economy. A recent study by the European Commission claimed that roughly half the instances of fiscal tightening in the EU during the past decade had been followed by faster economic growth. Conversely, they argue, the evidence that fiscal expansion works is much thinner.

They have a point. Given that Europe's overall fiscal position is worse than America's—with higher tax rates and bigger debt burdens—there is less room for loosening and greater benefits to be reaped from discipline. But that does not mean that fiscal policy has no role to play. Indeed, Europe's big economies now seem to be coming round to the view that it has. France, Germany and Italy, as well as Portugal, are currently flouting the 3% ceiling on deficits. Yet Germany is hoping to bring forward much-needed tax cuts that are likely to make the deficit worse. France, too, looks set to breach the stability pact again next year and Jacques Chirac, France's president, advocated a “temporary softening” of it this summer. The point is not that Europe can, or should, spend its way out of the current downturn, but that fiscal policy should avoid aggravating cyclical downturns. With luck, that trend has now started.

Monetary policy in the euro zone has also been tighter than in America. Since the beginning of 2001 the European Central Bank (ECB) has cumulatively cut short-term interest rates by 2.75 percentage points, whereas the Federal Reserve has cut short-term rates by 5.5 percentage points. Here, too, the differences are partly due to intellectual attitudes and partly to self-imposed rules.

Whereas Alan Greenspan, the chairman of the Federal Reserve, has adopted the role of recession-avoider-in-chief (in line with the Fed's goals of maximising employment as well as stabilising prices), Europe's central bankers have been dogmatic inflation fighters (their only official goal being inflation close to, but below, 2%). They are also self-styled drillsergeants for structural reform. Despite widespread criticism from the IMF, the OECD and the financial markets for cutting rates too slowly, the ECB remains unabashed. Wim Duisenberg, the bank's boss from its inception, once famously quipped that a bout of falling prices was a central banker's dream. He has regularly claimed that Europe's problems are structural, not monetary. Jean-Claude Trichet, a former governor of the Bank of France, who is expected to take over from Mr Duisenberg in November, may take a softer line. But it is not just a question of personality. A large part of the difficulty lies in making policy in a currency union of 15 disparate economies. The ECB's decisions on interest-rate changes are based on region-wide inflation averages, which across the euro zone as a whole have consistently bumped up against the ECB's target of 2%. However, inflation in Germany—which makes up 30% of the euro zone's economy—has been rather lower than the average. So interest rates that are appropriate for the euro zone as a whole are too high for Germany.

To aggravate matters, Germany has a much weaker banking system than the rest. Like Japan, it has too many unprofitable banks that need rationalising and restructuring. While this is being done, banks are reluctant to lend, so credit growth is stagnant. The pessimists about Europe say that the state of Germany's banks, its structural rigidities and its low inflation raise the spectre of Japan-style deflation that could sink the economic prospects of the entire euro zone.

http://www.economist.com/printedition/displayStory.cfm?Story_ID=2050758 (4 of 7)01/10/2003 11:09:18

 

 El Pacto de Estabilidad y Crecimiento y la medición del déficit

 

El El Estado vuelve al superávit pese a 'ocultar' 9.000 millones de déficit
• Las reglas de la UE permiten que gastos por más del 1% del PIB no computen al cuadrar cuentas
• Los expertos aseguran que desde el punto de vista legal no hay cifras opacas en la contabilidad
ROSA MARÍA SÁNCHEZ. MADRID
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha anunciado que el 2003 se cerrará con un superávit en las cuentas públicas equivalente al 0,5% del producto interior bruto (PIB), unos 3.700 millones de euros (más de 600.000 millones de pesetas) y no en equilibrio presupuestario, como se esperaba...........
El director de estudios del IEE, Gregorio Izquierdo, explica que la contabilidad "se forma a partir de unas reglas de juego aceptadas por todos, que podrían ser otras". Las normas de la UE tienen dos "peculiaridades". En la contabilidad no se incluyen determinadas empresas o entes públicos (aquellos cuyos ingresos propios cubren más del 50% de sus costes de explotación). Además, tampoco cuenta la concesión de préstamos o avales (activos financieros) porque se supone que serán devueltos. "Con estas reglas, no hay déficit oculto", explica Gregorio Izquierdo.
En el déficit público no computan las cuentas de RTVE (más de 6.600 millones de euros de deuda), el Gif, AENA, Renfe, etcétera. Tampoco se tienen en cuenta los préstamos o avales del Estado a estas empresas o al sector privado (la variación de activos financieros será de 5.800 millones de euros en el 2004).

DÉFICIT DE CAJA
Las reglas contables de la UE se conocen como SEC 95 y son las que se aplican en el cálculo de la llamada Contabilidad Nacional. Además de las dos "peculiaridades" citadas, el SEC 95 establece que los ingresos y gastos no se deben computar según entren o salgan de la caja (criterio de caja), sino según cuando se generen los derechos de cobro y pago (criterio de devengo).
La aplicación de esta regla permite que del déficit de caja previsto para el Estado en el 2004 (6.800 millones), sólo la mitad (3.487) compute en la Contabilidad Nacional.
La suma del déficit de caja (6.800 millones) y de la variación de activos financieros (5.800 millones) da como resultado la necesidad financiera del Estado. Según la documentación del Gobierno, este importe será de 12.600 millones de euros en el 2004, el 1,6% del PIB. Este concepto oficial es el que más se parece al que se conoce como déficit oculto y es 9.000 millones superior a la cifra apuntada por el Gobierno en la Contabilidad Nacional.
Para financiar estas necesidades, el Estado tendrá que emitir más deuda el año próximo (10.600 millones de euros más) y sacar 2.000 millones de la cuenta del Banco de España. Si el déficit del Estado fuera de tan sólo el 0,4% del PIB en el 2004 --como dice la Contabilidad Nacional-- no habría que emitir tanta deuda.
Noticia publicada en la página 030 de la edición de Domingo, 2 de noviembre de 2003 de El Periódico

 

 

(La política fiscal en la unión monetaria europea. Joaquín Pi Anguita. última actualización noviembre de  2005)